Miguel de Zamora

Adiós a un ilustrado de los que ya apenas quedan

05.08.2016 | 00:25
Miguel de Zamora

S e fue Miguel, de Zamora. Se fue Miguel, de Unamuno. Se fue un grande. Un hombre cuyo nombre ha rotulado muchos de los perfiles de esta provincia. El nieto de un vasco universal, el nieto de un eterno castellano. Un hombre de leyes, un hombre de letras, un ilustrado de los que ya apenas quedan.

Erudito, sensible, viajero, educado y, sobre todo, apasionado de su trabajo. Cualquier persona que haya conocido a Miguel sabe que esos apelativos lo definen bien. Y por ellos será siempre recordado.

Su trayectoria profesional está íntimamente ligada a la Caja de Ahorros Provincial de Zamora, nacida en 1965 al amparo de la Diputación Provincial. Su brillante liderazgo al frente de esta institución es bien conocido.

Desde esa atalaya, desde "la Caja", Miguel destacó durante décadas como un inteligente gestor, combinando la labor financiera de la entidad con sus compromisos sociales y culturales. Miguel siempre procuró rodearse de buenos profesionales, buscando el consenso, propiciando el acuerdo, sabiendo delegar. Era un hombre seguro, un líder de verdad.

Sin Unamuno, probablemente hoy pasearíamos por Zamora sin disfrutar de las esculturas de Baltasar Lobo. Sin Unamuno, seguramente hoy Zamora no sería la sede del Museo Etnográfico de Castilla y León. Sin Unamuno, la Fundación Rei Afonso Henriques podría seguir siendo un mero proyecto internacional. Gracias a Unamuno hoy esas y otras muchas realidades son verdad.

En 2008 Miguel pronunció en La Casa de Zamora en Madrid una conferencia titulada "Desde la Caja de Ahorros Provincial de Zamora hasta Caja España: Historia de una entidad, historia de una provincia". Allí, en la madrileña calle de Tres Cruces, habló de la importancia tanto de la resistencia y como de la prudencia. Y terminó su brillante ponencia con una recomendación: "Lo mejor, siempre es, de verdad, tener sentido común". Pues bien, ese sentido por el que Unamuno, por el que Miguel, siempre destacó, es su gran herencia. Sus cuatro hijos, Miguel, Pablo, Rafael y Rubén, y su inseparable esposa, Pilarín, bien saben de lo que hablo.

"Baja el Duero por tierra de Zamora, tendido en la planicie y espaciándose por ella". Así lo describió su abuelo en 1898. Y así, estoy seguro, lo sintió su nieto, casi un siglo después. Miguel de Unamuno, el de Zamora, navegará de forma sempiterna por las aguas de nuestro río, el caudal en el que se juntan las almas que cincelan esta tierra.

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