Jara calles | Filóloga y traductora

"Estamos asistiendo a uno de los mejores momentos en términos creativos"

"La literatura griega no es de las más presentes en España en cuanto a autores contemporáneos"

07.05.2016 | 01:59
La zamorana con el poemario en edición bilingüe.

La filóloga Jara Calles debuta en la traducción en un poemario del autor griego Petros Stefaneas.

-¿Cómo surge su interés por la literatura griega?

-Siempre he tenido interés por la literatura griega y, en concreto, por la poesía. Desde luego para eso fue importante haber estudiado Filología, aunque ha sido en los últimos años cuando he comenzado a leer a autores contemporáneos, tanto en poesía como en narrativa. Cavafis o Yannis Ritsos son dos de los poetas que más presente he tenido, especialmente en los últimos años, cuando he establecido una relación más íntima con Grecia y su cultura.

-¿Y por este autor? ¿Existía obra de él en castellano?

-A Petros Stefaneas lo conocí a través de una amiga en común y fue también a través de ella como surgió la posibilidad de la traducción de su libro. Desde entonces, se dio una serie de casualidades que acabaron envolviendo a distintos amigos y conocidos que no sabíamos que teníamos en común. Respecto a su obra en castellano, éste es el primer libro que se ha publicado y desde luego espero que no sea el último.

-¿Qué le ha impulsado a encarar la traducción de este poemario en concreto?

-Lo cierto es que empecé a traducirlo por cuenta propia. El libro me había gustado en una primera lectura y me pareció un buen ejercicio de aprendizaje que, finalmente, acabó resultando en un proyecto de mayor envergadura. No obstante, ha sido un trabajo en el que he contado en todo momento con el apoyo del autor, con quien mantuve una conversación constante sobre el libro, vital para poder llevarlo a cabo. Antes había encarado traducciones puntuales de poemas que, por una razón u otra, habían llamado mi atención, pero sin mayores pretensiones.

-¿Cuál ha sido la mayor dificultad?

-La mayor dificultad ha sido la de alcanzar un grado de correspondencia óptimo entre el texto original y la traducción, de manera que en español los poemas evocaran y provocaran) una experiencia similar de lectura. Todavía recuerdo la dificultad que encontré en la traducción de un verbo. Del mismo modo, existen también cuestiones culturales e incluso necesidades léxicas que no eran fáciles de trasladar de una lengua a otra.

-Como conocedora en profundidad del hacer de Petros Stefaneas ¿cómo definiría su creación?

-Se trata de una escritura de la desafección, en la que son los pequeños detalles y las escenas cotidianas las que están llamadas a retratar la singularidad de una existencia, una mirada poética, en este caso. Sus poemas son poemas de la normalidad, poemas escritos en un tono familiar y sosegado, en los que, sin embargo, se produce un tipo de contraste entre las imágenes que se evocan y el ritmo en que ésas imágenes son recreadas.

-Algunos poemas son muy actuales, informativamente hablando, otros muy realistas muy cercanos incluso casi palpables, otros cargados de ciertas dosis de melancolía, ¿es así toda su producción?

-No sé si es fácil reducir una obra completa a un sólo matiz, pero desde luego sí puede identificarse una misma instancia poética, presente tanto en éste como en otros de sus libros, si de poesía estamos hablando. Quizá esa sensación de melancolía proviene de un tiempo suspendido, de una existencia puesta entre paréntesis, que reflexiona sobre sí misma y aquello que le rodea, pero no sobre aquello excepcional, sino sobre lo que normalmente pasa desapercibido.

-¿Ha sido laborioso que el poemario viera la luz editorialmente hablando?

-Creo que tuvimos una gran suerte. El poemario llegó a manos de Román Piña por casualidad, que mostró interés de inmediato. Hicimos una selección de poemas para la revista literaria La bolsa de pipas y después fuimos preparando la edición del libro No fue un proceso laborioso, porque hubo mucha disposición por parte de todos y se llevó a cabo un buen trabajo de equipo, con comunicación constante entre las partes.

-¿Por qué una edición bilingüe?

-Era la mejor forma de presentarlo y el editor no lo dudó en ningún momento. Es, quizá, la mejor manera de que una traducción pueda discutirse, si ésta viene acompañada por el texto original, de manera que se establezca un diálogo claro entre ambos textos.

-Es su primera incursión en la traducción, ¿volverá a trasladar otro texto al castellano?

-Es difícil decirlo. Es la primera vez que abordo un proyecto de traducción como éste y, aunque no descarto volver a intentarlo en un futuro, por el momento no se reúnen las condiciones adecuadas para ello. Demasiadas ocupaciones y muy poco tiempo para un trabajo tan exigente como el de traductor.

-La literatura griega ¿es muy desconocida en nuestro país?

-Conocida o desconocida, creo que eso depende de los círculos que consideremos y, sobre todo, de los autores. No es de las más presentes, al menos, en cuanto a autores contemporáneos, pero tampoco desconocida. Hay editoriales que llevan años trabajando en esta dirección, con ediciones valiosas que siempre encuentran hueco en las mesas de novedades, pero siempre hay trabajo por hacer al respecto. Hace falta demanda, claro, no puede ser todo responsabilidad de los sellos editoriales.

-Grecia y España viven marcadas por la crisis. ¿Existen paralelismos en la situación de la literatura en ambos países mediterráneos?

-No creo que tenga el conocimiento adecuado para poder valorar la situación actual de la industria editorial griega. Pero sí creo que en España ha tenido lugar una transformación fascinante en la que ha habido muy diversos factores de renovación y cambio que eran necesarios. La variedad actual de sellos independientes, los vínculos inéditos entre centro y periferia editorial, la ampliación del gusto y las coordenadas estéticas por parte de autores que en su momento comenzaron con un público discreto mientras hoy se realizan tesis doctorales sobre ellos? Por supuesto, es también un sector en crisis, como muestra el goteo incesante de librerías y sellos que cesan su actividad pero, al mismo tiempo, es posible que estemos asistiendo a uno de los mejores momentos en términos creativos. Era hora, de todas formas, de que la literatura se recuperara a través de su propio tiempo y se produjera cierta diversificación en la industria del libro, como tal.

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