Relato de una tragedia griega

El bombero zamorano José Luis Calleja, recién llegado de labores humanitarias en la isla de Lesbos, avisa de la alarmante desaparición de niños sirios al desembarcar desde Turquía

09.01.2016 | 06:10
Refugiados sirios tratan de alcanzar la costa tras su travesía por el mar Egeo en la isla de Lesbos.

"Imagínate una travesía de 14 kilómetros en barca que dura cinco horas. Cuando ellos divisan la costa, exhaustos, se tiran al mar sin saber nadar. Entonces llegamos nosotros, con nuestros trajes de neopreno y las camisetas rojas. Ellos piensan que ha venido Superman a salvarlos. Pero no somos Superman. No somos héroes. Simplemente aportamos nuestro granito de arena a un problema de difícil solución". Así inicia su relato el bombero zamorano José Luis Calleja. Hace apenas cinco días que regresó de la isla de Lesbos, una pequeña porción de tierra en el Egeo griego que se ha convertido en el principal punto de entrada a Europa para los refugiados sirios. Allí ha permanecido 18 días asistiendo embarcaciones. Una experiencia que cuenta ahora para intentar remover conciencias y seguir actuando.

El pasado mes de diciembre, los cuerpos de bomberos de Castilla y León se reunieron en Palencia para poner sobre la mesa un asunto que les preocupaba. "¿Qué podemos hacer nosotros por los refugiados sirios?", se preguntaron. La respuesta: crear una organización no gubernamental y ponerse a disposición de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados. Así nació G-Fire. Apenas unos días después, un contingente de cuatro miembros estaba ya en el agua asistiendo embarcaciones. En el segundo relevo, el 16 de diciembre, llegó José Luis Calleja, primer bombero zamorano en sumarse a esta expedición humanitaria.

"Cuando llegamos, el primer día, no tuvimos ningún barco. El segundo, tampoco. Pero el tercer día prácticamente no pudimos descansar", recuerda el profesional zamorano. Acnur, como coordinadora de acción, ha asignado a las expediciones de G-Fire una zona acantilada entre dos playas en el entorno de Mytilene, al sur de la isla, frente a la costa turca. "El mar Egeo, cuando está tranquilo, es una balsa de aceite como el Lago de Sanabria. Pero cuando se enturbia, es como el Cantábrico enfadado", asegura. "Dadas las características de la zona, nuestra labor es de rescate puro y duro", analiza.

Los bomberos de G-Fire trabajan en turnos de cuatro personas y está previsto que en febrero viajen cuatro miembros del Cuerpo Municipal de Zamora. Su misión: asistir a las embarcaciones que llegan a su zona. "La isla de Lesbos es ahora mismo la mayor zona de paso de refugiados. Piensan que es el camino más corto y más sencillo. Desde la costa de Turquía, la distancia es de 14 kilómetros, pero ellos tardan entre tres y cinco horas en hacer todo el trayecto", explica José Luis Calleja. "Las embarcaciones que usan son tipo Zodiac, pero lowcost. Tienen unos cinco metros de largo y dos de ancho, pero en cada una de ellas viajan mínimo cincuenta personas", apunta el bombero. "Al día, llegan a la isla de Lesbos unos 1.800 refugiados. Y a cada uno le cobran 1.000 euros. Es decir, que al día se mueven allí dos millones de euros", indica Calleja.

Lo complicado del trabajo en esta "zona cero" hace que los propios bomberos se pongan límites. "En espacio, nos marcamos como máximo de actuación una línea de boyas que hay frente a la costa. Y en lo personal, también decidimos no coger niños, porque se están dando casos de desapariciones al llegar a tierra. Sin embargo, lo primero que hacen al llegar es lanzar a los niños desde los barcos, así que los cogemos. Y cuando vemos una embarcación, saltamos al agua, llegamos a la línea de boyas y aún están lejos, también vamos. Es una situación difícil", analiza.

La labor de G-Fire es, principalmente, atender a pie de costa. "Se ven cerca de tierra y, como tienen miedo, saltan al agua. Pero no saben nadar, por eso muchos se ahogan. Nuestro trabajo es coordinar el desembarco", apunta. Por ello, a pesar de lo vivido, regresa con una satisfacción personal. "Lo único que queríamos era no tener que elegir a quién sacar del agua. Y así ha sido", explica.

Concluidos sus recuerdos y a pesar de todo, José Luis Calleja no puede evitar hacer una confesión: "Volveré en abril".

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