Crimen de Santa Cristina de la Polvorosa

Crimen de Santa Cristina, celos y engaño

El jurado estima probado que la relación entre el ganadero condenado por asesinato y la viuda y su encubridora comenzó en noviembre de 2013, y que el pastor descubrió la infidelidad

30.11.2015 | 13:35
Crimen de Santa Cristina, celos y engaño

Los celos, el engaño. Esas parecen ser las causas que esconde el crimen del pastor búlgaro asesinado por su patrón en Santa Cristina de la Polvorosa, que podría ir entre 15 y 17 años a prisión, la madrugada del 15 de febrero de 2014, a 50 metros de la vivienda que ocupaba el fallecido con su pareja (desde hacía 20 años) y su hijo en la explotación del ganadero.

Al menos, eso parece deducirse del veredicto emitido por el jurado que condenó el viernes por asesinato al industrial que empleó a la familia hacia septiembre de 2013, cuyo divorcio de quien fue su esposa durante 10 años se derivó de esa relación sentimental extramarital que mantenían el industrial, Juan Carlos B.R., y la compañera del pastor, Sonia K., desde noviembre de 2013. La atracción surgió a los pocos meses de contratar a la familia búlgara, según manifestó la exmujer de Juan Carlos en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial y dio por probado el jurado el viernes. Sonia "comenzó a pintar la casita próxima a la nave en agosto y en septiembre empezaron a vivir allí".

Las sucesivas ausencias "nocturnas" de Juan Carlos desde ese mes en adelante, "salía de casa a las doce de la noche y volvía a las tres de la mañana", con la excusa de que era época de que las ovejas parieran, levantó las sospechas de su cónyuge.

La verdad no tardó en conocerse, aunque fue preciso que el pastor desapareciera de escena: "a partir de mediados de febrero", coincidiendo con la ausencia del trabajador, Juan Carlos "empezó a volver a las seis o siete de la mañana" a su domicilio, fuera de la explotación. "Se pasaba prácticamente todo el día en la finca" y su esposa, con la que tiene dos hijos, pensó: "Esto no es plan".

Confirmaría sus tesis enseguida, "a finales de febrero voy a la nave y veo que no hay ovejas paridas, por eso vi que me estaba engañando" con Sonia, declaró en el juicio. "Dije, "aquí pasa algo" y le pregunté". Él "me lo confirmó, llevaba con ella desde noviembre". A primeros de marzo se separó de él. Fue la exmujer quien concretó cuándo se inicio la relación entre los hoy condenados: Sonia, quien podría ir tres años a prisión por encubrir el crimen; él, por atar de pies y manos a la víctima, con piedras entre las cuerdas en los brazos, y un ladrillo con cemento en las piernas. Para tirarlo a un pozo, en otra finca de su propiedad, a un kilómetro de la explotación. Seis meses después, le ataría una soga al cuello para sacarlo con la pala del tractor e intentar quemarlo para no dejar rastro de la víctima. Un vecino vio las llamas, entró a la finca, descubrió el cadáver y llamó a la Guardia Civil.

Durante el juicio los dos imputados no se pusieron de acuerdo en el inicio de su relación: ella a primeros de marzo; el "no recuerdo, hacia abril". El hijo del pastor, K.O.K., les encontraría en la cama "el 3 de marzo de 2014", confesó, dieciocho días después de ver por última vez a su progenitor, la tarde del 14 de febrero. El vástago continuó trabajando en la explotación ganadera con su madre, con la certeza de que algo le había pasado a su padre. Contó en la vista oral que se acercó a la habitación de su madre para pedirle algo, ella salió y dejó entreabierta la puerta, "entré, vi un bulto bajo la manta, tiré de ella y era Juan Carlos desnudo". Ambos iniciaron una pelea que Sonia se encargó de apaciguar.

El joven acudiría a la Guardia Civil el día 22 de marzo para contar sus sospechas, tras haber dejado de convivir con su madre. Y subrayó, en su declaración en la vista oral, que fue él quien obligó a Sonia un mes antes a poner una denuncia "por la desaparición" del progenitor. Sabría mucho después que ella alegó que era "voluntaria". Y lo mantuvo en todo momento, tras afirmar que había sido objeto de malos tratos, que el pastor "no trabajaba, bebía, desaparecía de casa durante meses", relató. Describió a un maltratador habitual, que llegó a quemarla con cigarrillos, agresiones de las que afirmó que la defendía el hijo. El mal carácter del ciudadano búlgaro también fue descrito por la exmujer de Juan Carlos, por su hermano y por un trabajador. Pero el joven negó la versión de su madre, "nunca salía solo de casa, solo con ella y con nosotros", nunca les maltrató a ninguno y "mandaba ella en casa".

El crimen tiene todos los tintes de un desenlace provocado por los celos del fallecido, que sabiendo de la infidelidad de su pareja habría iniciado una discusión con la mujer, agarrándola fuertemente de los pelos y sacándola de casa hacia la madrugada, según el jurado. El acusado, al acudir a la explotación, se encontró con la agresión y se enfrentó al pastor, quién cayó al suelo. Lo ató para trasladarle mejor en su furgonerta Kangoo, dijo.

Antes de que el pastor y el ganadero se enfrentaran, el ciudadano búlgaro, al ver acercarse a Juan Carlos, y sin aproximarse, le increpó: "¿Qué está pasando aquí?, te voy a matar a ti y a ella". El jurado considera probada esta escena, pero no así que la víctima fuera a agredir a quien le mató. Sí consideran que Juan Carlos cogió una barra y blandiéndola de arriba abajo le golpeó, en un lugar que se desconoce, no en la cabeza porque la autopsia descarta lesión o fractura de cráneo. Es en ese momento cuando Sonia, a la que tenía asida por el pelo, logra huir y se va a la casa.

El tribunal también estima que no vio más. Pero no pudo concretar la causa exacta de la muerte, como tampoco los forenses. Apuntan que lo más probable es que, al ser arrojado vivo al acuífero -ya que no hay señales en las muñecas de haber forcejeado para evitar ser atado-, falleciera por sumersión y ahogamiento seco (por cerramiento mecánico de la laringe para evitar la entrada de agua a los pulmones), una de las sugeridas tras la autopsia.

El avanzado estado de descomposición del cadáver rescatado por su asesino del pozo con la pala del tractor cuando el agua, dada la época de riego, ya lo empujaba a la superficie, impidió incluso delimitar con exactitud la fecha de la muerte: entre tres y seis meses antes de ser descubierto.

El tribunal popular llegó a la conclusión de que fue hacia la una de la madrugada del 15 de febrero de 2014. ¿Por qué? "El móvil de la víctima deja de estar operativo, sin batería" en esas horas. El aparato fue hallado junto al cadáver, cuando la Guardia Civil acude a la finca donde se hallaba el pozo y lo encuentra sobre un nido de pajas quemadas, como el propio cuerpo, boca arriba. Al darle la vuelta, los agentes encuentran la cartera con la documentación del ciudadano búlgaro desaparecido y fotografías de sus hijos.

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