Cuarenta años de la muerte del dictador

El reto de la reforma constitucional

Políticos y excargos públicos zamoranos abogan por cambios en la Carta Magna para blindar derechos y regenerar instituciones

20.11.2015 | 06:10
Primera manifestación en Zamora, en los 70.

En el 40 aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco, el debate político se centra en la reforma de la Constitución de 1978, pactada por las fuerzas políticas para propiciar un régimen democrático. Cambios por los que también abogan actuales jóvenes dirigentes políticos de la provincia y cargos públicos de Zamora de aquellos primeros años de la década de los 80 del siglo pasado, ya en democracia. El expresidente de la Diputación Provincial con Alianza Popular y con el PP, Luis Cid Fontán, para decantarse por revisiones más concretas, "en instituciones como el Senado y alguna otra cuestión"; y el primer alcalde del PSOE en la capital, Andrés Luis Calvo, para reivindicar "reformas profundas para consolidar derechos".

Cid Fontán advierte, no obstante, que debe predominar en esta tarea "el sentido común", para advertir que "no podemos innovar de golpe" y que "debemos actuar todos con mucho cuidado y esmero para no meterse a saco con la Constitución y renovar solo lo necesario". Luis Calvo se refiere a "consolidar derechos y que el Estado sea más grande, tenga más fuerza para controlar al capital, frente a los que quieren tener más libertad para imponer sus determinaciones, incluidos los bancos".

El exregidor de Zamora, por su parte, es partidario de variaciones "profundas", tras la "situación de corrupción política que ya insostenible".

Más dividida está la cuestión entre los políticos jóvenes: el secretario provincial de Nuevas Generaciones, Víctor López de la Parte, habla de "regenerar la política" y de cambios en instituciones, pero no de reformar; mientras que el de Juventudes Socialistas, Sergio Bragado, apuesta por modificar la Constitución "para blindar el Estado del Bienestar y para instaurar la república". López de la Parte considera que "no podemos estar cambiando cada 20 años" y que la verdadera preocupación de los jóvenes es el empleo, aunque apunta que "a lo mejor habría que variar algunas instituciones o dar más competencias al Senado y regenerar la forma de hacer política". Bragado es más radical, partidario de reformar la Carta Magna, porque el sistema político parte de las bases impuestas por Franco, la monarquía parlamentaria, que debe derogarse para "establecer la república". Estima que la Constitución debe "blindar la educación y la sanidad para que no pueda haber recortes como los aplicados por el PP" desde el Gobierno.

Formación

En lo que los dos coinciden es en la importancia de formar a las generaciones más jóvenes sobre el franquismo y las graves consecuencias que tuvo para el país y la democracia, para no repetir la historia que dejó huellas bien distintas en quienes vivieron en primera persona la dictadura. El relato más desgarrador es el del militante de IU, el veterano Amable García, que a sus 93 años conserva intacto el recuerdo de la muerte de su padre, al "que asesinaron porque era vocal de Izquierda Republicana, a los 36 años, tras pasar por la cárcel de Toro, cuando yo tenía 13 años". O el del padre de su esposa Pilar Merino, Higinio Mereno, por ser presidente de la misma formación política. Y recuerda cómo 23 años después, el régimen de terror le detuvo a él, el 10 de abril de 1946", para encarcelarle primero en Zamora y después en Valladolid, un año y tres meses. Su delito: ser de Izquierda Republicana, como su padre y su suegro. El consejo de guerra le declaró culpable, tras escuchar a su defensor, "un capitán del ejército que se limitó a decir "estoy de acuerdo con lo que ha dicho el digno ministerio fiscal"". García pasó nueve años más en la cárcel, hasta febrero de 1949, y, ya libre, sin poder moverse de Zamora durante once meses y yendo a firmar los domingos a comisaría. Celebró la muerte "del muy digno" con los suyos y pudo mirar atrás sin encontrarse a un policía que le perseguía constantemente desde que salió del penal. "No tenía dudas de que la democracia era imparable", concluye, tras 40 años en los que "el pueblo no se levantó por el miedo tremendo" que sembró la dictadura franquista, "porque te hacían consejo de guerra y te fusilaban o te mandaban a la cárcel. Había un pánico tremendo". Fueron "sin duda, delitos de lesa humanidad". Todavía tiene una "jera": recuperar los restos de su padre, enterrado en el cementerio de Toro, lo que no ha conseguido a pesar de las gestiones de la Asociación para la Memoria Histórica.

"Otro vendrá..."

El historiador y cronista de la ciudad, Herminio Ramos, guarda un recuerdo mucho más simpático del régimen dictatorial, "otro vendrá que bueno me hará", resume para afirmar sin tapujos que, "con la distancia del tiempo", la democracia "se ha cargado la escuela y la familia y se pagará porque una sociedad no puede evolucionar sin unas normas mínimas e intocables". El viejo profesor asegura que "no veo negativo el franquismo, fue una dictadura con orden" y apostilla que "la democracia no es "todo vale", no es "yo tengo derecho a". Usted tiene derecho, pero cumpliendo unas normas", sentencia Ramos.

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