El Etnográfico integra 39 piezas de Guinovart en sus plantas

Las obras podrán descubrirse hasta mitad de marzo

12.11.2015 | 13:20
María Guinovart y Carlos Piñel con alguna de las obras expuestas

El Museo Etnográfico integra 39 obras realizadas por Josep Guinovart, tanto piezas pictóricas como escultóricas, en una muestra titulada "Mi tatuaje es la tierra".

Las creaciones del artista catalán, una de las figuras claves para entender el arte de la segunda mitad del siglo XX, están diseminadas a lo largo de las plantas 0 y 1 de exposición permanente del Museo Etnográfico y establecen un diálogo con las piezas del propio centro cultural regional de tal manera que el visitante puede llegar a pensar que forman parte de los fondos del Etnográfico.

Las creaciones, cedidas por la Fundación Guinovart y por la colección particular de su hija, pertenecen a distintas etapas del artista que utilizó desde barro, algarrobas, hoces o platos, explica la presidenta de la Fundació Espai Guinovart, María Guinovart, mientras que el director del Museo Etnográfico, Carlos Piñel, remarca que la colaboración ha hecho posible que el centro cuente con  obras de esta figura artística decisiva del siglo XX.

Josep Guinovart i Beltran (Barcelona, 1927 – 2007) fue un artista polifacético, fue pintor, dibujante y grabador. Realizó sus estudios en la Escuela de la Lonja y en el FAD (Fomento de Artes Decorativas) de Barcelona. El 1946 obtuvo una beca del Foment de les Arts Decoratives, de París, hecho que le permitió realizar su primera exposición en la Galería Syra.
Sus primeras obras están fuertemente marcadas por las influencias de Nonell y Gimeno. Su estilo realista, entre crudo y sentimental, duró poco tiempo y en 1948 se produjo un cambio importante, abriéndose dos vías distintas de expresión: la ingenua y libre, popular y ¨anarquizante¨, que recrea de memoria la realidad, y otra, de filiación y aspiración culta, y pintada del natural. Ambas, hacia 1952, se fundieron al lograr una beca otorgada por el Instituto Francés. Ese nuevo viaje a París determinó cambios vitales en su creación artística.
Hacia 1970, la obra de Guinovart alcanzó la plena madurez, con libertad en el lenguaje y siempre en contacto con la realidad.  Desde este periodo, el artista inició una profunda introspección, mostrando en sus trabajos lo más hondo de su mundo interior.

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