Testigo del periodismo de otro tiempo

El zamorano Timoteo Esteban, que inició su carrera en Imperio en 1942, recorrió como director los diarios de Valladolid, Alicante y Málaga en sus 94 años de vida

25.10.2015 | 01:43
Timoteo Esteban junto al príncipe Juan Carlos.

Era la Zamora de los años veinte. Entre la cuesta de la Costanilla y la calle Ramón Álvarez jugaban dos niños, Timoteo y Magdalena, el germen de un longevo matrimonio que se ha mantenido unido hasta el pasado tres de octubre. Timoteo Esteban, director de numerosos periódicos regionales desde sus inicios en el anciano Imperio zamorano, se despedía de Magdalena a los 94 años. Atrás quedaba una extraordinaria carrera como periodista, su sentido del humor y su pasión por el lenguaje.

"Mi suegra tenía un restaurante junto al Ayuntamiento nuevo, en la Costanilla. Yo vivía con unos tíos míos en la calle Ramón Álvarez", rememora Magdalena Maes, con una memoria envidiable a los 90 años desde su casa de Málaga, donde ha vivido los últimos cincuenta con Timoteo. La pareja contrajo matrimonio en la iglesia de San Lázaro y ahí se acabaron los buenos recuerdos. "Perdí la guerra y perdí a mi familia", confiesa Magdalena, que prefiere dejar de hablar de su Zamora natal. Timoteo, sin embargo, regresó en numerosas ocasiones y llevó siempre en el corazón su ciudad y la Semana Santa. Fue hermano número de La Congregación y honorífico del Silencio. "Nos tenía aburridos con Zamora", ironiza Magdalena.

Timoteo se licenció en la Escuela de Periodismo en 1942 con 22 años. Tras dirigir el anciano Imperio, la pareja se trasladó a Valladolid. Timoteo Esteban lideraba el periódico Libertad -con varias delegaciones en la comunidad- entre 1954 y 1957 para renovar su anquilosada estructura. Los resultados fueron tan buenos que se ganó una oportunidad al frente del diario Información de Alicante. "Fueron seis años muy buenos en los que consiguió renovar completamente el periódico", apunta Magdalena. "Allí habló de cosas nuevas, difundió la figura de Miguel Hernández cuando nadie hablaba de él", explica. Precisamente, su carácter "demasiado liberal" lo llevó a ser sustituido en 1963 por otro zamorano, Félix Morales, más acomodado al Régimen.

Y llegó la etapa de Málaga, medio siglo. "Cuando la gente es buena y agradable, uno está bien", reconoce Magdalena sobre el nuevo destino. Allí Timoteo se hizo cargo de La Tarde, diario vespertino que cerró en 1975 cuando desapareció el formato y su integró en la cabecera Sur, medio al que pasó como director adjunto. La recta final de su etapa profesional la vivió como director del periódico sevillano Suroeste, hasta que se jubiló dos años más tarde.

"Tenía muy buena memoria, le gustaba hablar bien, el lenguaje, las palabras", explica Miguel Ferrary, periodista de La Opinión de Málaga vinculado familiarmente a Timoteo. La afirmación es tan cierta como que Esteban era capaz de recitar los 248 municipios de Zamora y no olvidaba las anécdotas vividas en muchos de ellos. Es fácil hacer una prueba y comprobar cuántos pueblos se le pueden ocurrir a cualquier zamorano. Porque Timoteo amaba Zamora, la ciudad que tuvo presente en todo momento.

Pero, ¿qué tenía el hijo adoptivo de Málaga para cosechar un éxito tras otro en su vida profesional? "Era una persona con carisma, sabía decir las cosas. Tenía mucho criterio periodístico en la época posterior a la Guerra Civil, cuando la profesión estaba naciendo", explica Miguel Ferrary. El zamorano "supo entender" la tarea del informador, "tenía muy claro que los periódicos tenían que ser útiles, contar lo que pasaba en el entorno", añade.

Por eso, casi se puede intuir que a Timoteo Esteban no le gustaban muchos de los aspectos de la información actual. "No le gustaba el enfoque, hablaba del empobrecimiento del lenguaje y la pérdida del sentido de las palabras", desgrana Ferrary. Quienes lo conocieron suelen narrar, a modo de ejemplo, una de sus retahílas. "Se escribe "utilero" porque es encargado de los útiles, no "utillero" como ponen muchos redactores deportivos".

Su amor por el oficio no descuidó su pasión por sus familiares. "Me dijo siempre que lo primero era su familia y después su profesión. Magdalena reconoció esa dedicación cuidando a Timoteo los últimos veinte años, cuando la enfermedad mermó las capacidades del periodista, quien no abandonó nunca la tarea diaria de leer los periódicos. "Cuando ya no veía, era yo la que le leía las noticias", confiesa la viuda. Magdalena Maes destaca de su personalidad dos aspectos. "Primero, era muy buena persona. Segundo, era socarrón, divertido", lo define.

La partida de Timoteo significa el adiós a un testigo de excepción de la complicada época de la dictadura, cuando los medios de comunicación eran otra cosa. Uno de los hombres que se levantaban cada mañana para sacar al día siguiente el diario zamorano Imperio en una ciudad compleja, difícil, pobre? pero también apasionante bajo la mirada del papel y la tinta de otro tiempo.

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