Una gran masa de tierra ocluía la cavidad bucal y dejó restos en los pulmones

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Lo que supuestamente era una piedra introducida en la boca del cadáver de J.H.M., en realidad, según desveló la autopsia, se correspondía con una gran masa de tierra que ocupaba toda la cavidad bucal e incluso parte de la traquea del vecino de Las Llamas. Los restos de arena alojados en los pulmones confirmaron que el hombre, de 52 años, todavía respiraba, estaba vivo, cuando su asesino o asesinos decidieron llenarle la boca de tierra.
El escaso agua que penetró en la bolsa de plástico que cubría su cabeza ayudó a que la tierra se humedeciera y en las radiografías hechas en el Hospital Virgen de la Concha, previas a retirar el envoltorio para evitar la destrucción de posibles pruebas, su apariencia fuera de una piedra. Cuando se procedió a la autopsia, los forenses se percataron de que se trataba de tierra, recogida del lugar en el que se estranguló a la víctima, quien presenta en el cuello la huella de una sola mano. Caben dos hipótesis, que la misma persona que le oprimía la garganta con una mano usara la otra para introducirle arena en la boca; o que participaran en tales acciones dos individuos.

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