Una brutal paliza con objetos romos, antes del óbito, deformó la cara a la víctima

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Las heridas en el rostro y el mentón del hombre asesinado en la capital el 13 de septiembre pasado revelan que tuvo un final muy violento, que también certifica las lesiones detectadas en el pecho, con el hundimiento de costillas por la presión que se ejerció sobre ellas, posiblemente con las piernas de quien le estrangulaba. Estas lesiones, así como las de algunos de los órganos vitales, no fueron, sin embargo, mortales. Tampoco lo fueron las recibidas en la cara, sobre la boca, de la que se le arrancó parte del labio superior, ni en el mentón, donde se aprecia una especie de corte. De lo que sí hablan estas últimas heridas es del uso de «objetos romos», como pueden ser palos o piedras, utilizados por quien o quienes le agredieron brutalmente antes de decidir poner fin a su vida.
Por el momento, no se han hallado ninguno de los posibles elementos con los que el vecino del barrio de Las Llamas sufrió la paliza previa a su muerte. Sí se sabe que el hombre no ofreció ninguna resistencia, ya que no se encontraron signos en su cuerpo de autodefensa, de lucha mientras recibía los golpes.

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