Director del Archivo Histórico Provincial y pregonero oficial de la Pasión  
Florián Ferrero

«Ojalá los zamoranos imitáramos las hermandades y el silencio de Sevilla»

«La crisis acabará con alguna cofradía; no sé si alguien se ha dado cuenta de que este año ya ha muerto La Soledad y ha nacido La Esperanza»

 20:21  
«Ojalá los zamoranos imitáramos las hermandades y el silencio de Sevilla»
«Ojalá los zamoranos imitáramos las hermandades y el silencio de Sevilla»  

JOSÉ MARÍA SADIA
En los difíciles tiempos que atraviesa la Semana Santa, conviene escuchar a Florián Ferrero. El director del Archivo Histórico de Zamora no separa su visión profesional de la sentimental. Se emociona al recordar el abrazo que hace diez años le dieron los cargadores del Cristo de la Agonía cuando dejó las andas. «Al final, todos sabemos de Semana Santa», reconoce. Y lanza un mensaje de esperanza en el futuro. Seguro que también lo hará el próximo Domingo de Ramos, cuando exprese su enorme saber en el pregón oficial.
—¿Cuál es su vinculación con la Semana Santa?
—Es muy sencilla, soy zamorano.
—Todavía hay algún zamorano que no quiere oír hablar de Semana Santa…
—Sí, pero yo tengo una teoría. En Zamora, se es o no se es de la Semana Santa, es imposible ser neutral. Nuestra ciudad está imbuida de esta tradición y tú optas, por diferentes motivos, por participar.
—¿Qué opina sobre la eterna cuestión de la fe como condición sine quanon para ser semanasantero?
—Ese sería el ideal. Otra cosa es la realidad. Por ese conjunto de elementos que están alrededor de la Semana Santa no es necesario serlo. Cuando las cofradías han comenzado a pedir certificados de bautismo, ha habido un serio rechazo porque eso impediría que familiares o amigos accedieran a las hermandades. Lo que ocurre en Zamora es que te apuntan al nacer y ahí no tienes elección, o que el grupo de amigos te lleva hacia una determinada cofradía.
—¿Cómo explica la paradoja de jefes de paso que se confiesan no creyentes, pero que muestran un tremendo respeto por sus imágenes?
—Es una paradoja de la propia formación cristiana. Y existe. No soy quien para juzgar a nadie, no podemos juzgar los sentimientos de la gente. ¿Qué es la fe? ¿Un dogma o algo muy íntimo de la persona?
—¿Cuál es su primer recuerdo de la Semana Santa?
—Muy de niño, vivía al pie de San Esteban. Mi primer recuerdo siempre es el traslado de pasos del Santo Entierro. El Domingo de Ramos a eso de las dos de la tarde. Con las imágenes tapadas, iba debajo aparentemente llevando un paso con mis amigos. Tenía tres o cuatro años…
—¿Cuál es el momento que más le ha impresionado?
—El primer año que yo no llevé el Cristo de las Siete Palabras, también fue la primera vez que vi la procesión. Cuando pasó el Crucificado a mi lado, se paró y los hermanos dejaron las andas para darme un abrazo. Eso fue hace diez años.
—Somos de la cofradía que quieren nuestros padres, nuestros amigos… ¿En su caso?
—Mi cofradía es el Santo Entierro. Nací a su lado y, sin embargo, me hice de ella ya de mayor. La cofradía de mis amigos, las Siete Palabras.
—El resto, ¿cómo las ha visto?
—Soy hermano de acera, de túnica, de paso… Soy historiador. He intentado ver muchas celebraciones, algún Domingo de Ramos o de Resurrección, me he llegado a ver 18 procesiones. He intentado conocer la Semana Santa de España. No me considero un semanasantero, lo tengo muy claro. Pero me entusiasma la Pasión de Zamora.
—¿De dónde viene el afán de los zamoranos por dejar su huella en la cofradía?
—Será una etapa reducida. Lo que es cierto es que hemos conseguido una Semana Santa muy interesante, modelo de muchas otras. No hay más que ir a León o Salamanca para ver nuestra influencia.
—¿Qué está pasando en Castilla y León con las declaraciones de interés turístico? ¿Las regalan?
—Es un problema a tener en cuenta. Parece que la piden para todo el mundo y no todo es para todos. Luego hay verdaderas celebraciones que debían ser de Interés Turístico Internacional, como la de Bercianos, que sólo tiene el distintivo regional. Curiosamente, hay algo más contradictorio. La Junta de Castilla y León promociona una comunidad con «22 Semana Santas de interés turístico» y, sin embargo, es periodo lectivo de clase. Si quieren potenciar el turismo, la Semana Santa supone las vacaciones. Nuestros alumnos tienen que asistir a clase hasta el Miércoles Santo con una semana libre cuando haya terminado.
—Usted tiene la suerte de conocer las tradiciones de la provincia. Si tuviera que recopilar los momentos clave, ¿cuáles serían?
—Sería difícil. En primer lugar Bercianos. No el Viernes Santo, sino el Jueves o el Domingo de Resurrección. Villardeciervos es preciosa el Viernes Santo por la tarde…
—Se ha perdido su procesión en la capital…
—Sólo se puede amar algo cuando lo comparas con lo demás…
—¿Qué otros pueblos recopilaría?
—Me parece bellísima Fuentesaúco en los momentos íntimos, los Vía Crucis. De Toro, mi preferida es el Cristo del Amparo. Fuentelapeña… la noche del Jueves Santo. La Soledad de Coomonte de la Vega. El Pendebás de Tábara. El Stabat Mater de Manganeses… Ni siquiera hablo de procesiones, sino de momentos. Y sería una lista infinita. Tengo la fortuna de conocer la Pasión de unos 150 pueblos de la provincia.
—¿Trabajo o afición?
—Las dos… Y paliza. Pero es un placer.
—Históricamente, tendemos a comparar nuestra fiesta con la de Sevilla. Me da la impresión de que la mayoría de los zamoranos no sabemos nada de la capital andaluza…
—Ojalá imitáramos a Sevilla en hermandades. La gente pertenece a una hermandad durante todo el año y después no importa salir en procesión. Eso permite que el Gran Poder tenga 16.000 cofrades y, en cambio, solo salgan a la calle 2.000. La hermandad lo llena todo durante el año, desde actos, la bolsa de caridad e incluso la creación de puestos de trabajo. El Gran Poder dio empleo el año pasado a 700 personas. Y la gente tiene una gran devoción a las imágenes. Si vas a la Capilla de la Macarena, está montado el paso de La Sentencia en el Museo, pero el Jesús está colocado en el altar. Cristo y la Virgen están en los altares y los sevillanos van a rezarles y a besarle las manos y los pies. El Cristo del Gran Poder es una obra de arte, pero sobre todo, es una pieza de devoción. Aquí, besamos una cinta o una medalla. Eso nos aleja a los cofrades y es lo que me da francamente envidia. Luego, el cofrade hace estación de penitencia en la procesión. Hay otro hecho que llama la atención: Si la gente quiere silencio que vaya a Sevilla, donde hay pasos que no llevan ni un tambor.
—A fuerza de repetir lo de «Semana Santa todo el año» en Zamora, ese término se ha quedado hueco, ¿no cree?
—Así es. No debería decirlo, pero hay una cofradía como La Concha que yo presido, que intenta tener actividad todo el año. Cuesta, pero es satisfactorio. Cuando ves que con poco esfuerzo, puedes garantizar el desayuno de todo el año a un hogar social, te da una satisfacción enorme y no te importa si la Virgen tiene flores, ya las tendrá. De todas formas, rara es la cofradía que en los últimos años no ha puesto en marcha su obra social…

—La crisis ha ayudado…
—Así es. Hace tan solo cuatro o cinco años, los presidentes te decían que las cofradías no están para hacer beneficencia. Las crisis le dan sentido a todo y te obligan a elegir: O vives o mueres. El que sobrevive sale fortalecido.
—Ha dicho algo arriesgado. Algunos auguran un periodo de depresión como el de décadas pasadas. Sin embargo, usted cree que Zamora va a salir adelante…
—Sí, pero alguna muere si no se reinventa. No sé si la gente se ha dado cuenta, pero este año ha muerto una cofradía y ha nacido otra. Ha muerto La Soledad y ha nacido La Esperanza. Es como una agrupación de ayuntamientos… Mueran o no cofradías, estamos iniciando un periodo en el que las bandas de música no van a ser regaladas. A lo mejor nos espera un periodo de esplendor con solo una o dos bandas por cofradía formadas por los propios hermanos. Sería importantísimo que tuviéramos agrupaciones musicales propias.
—¿Agrupaciones?
—Es un término que se utiliza mucho en Andalucía para definir formaciones a medio camino entre la banda de cornetas y la de música. Y después ha soluciones de música preciosas. El Santo Entierro salía con varios violines hasta finales del siglo XIX. Todas las cofradías llevaban una capilla de música, unas pocas personas cantando acompañadas de unos cuantos instrumentos musicales. —Hay otro modelo posible…
—Son modelos nuestros, no me invento nada de fuera. Todas las cofradías de penitencia tienen sus masas corales para interpretar gregoriano. ¿Por qué no recurrir a nuestro floreciente conservatorio?
—Florián, ¿qué pasa en Zamora cuando llegan estas fechas? Todos somos historiadores, escultores, poetas, músicos, fotógrafos…
—Es que a lo mejor somos un pueblo polifacético… Y tenemos unas virtudes que nos adornan solo en estas fechas…
—Parece la carroza de la Cenicienta…
—Vamos a ver, en el fondo es una forma de expresar el cariño a lo más nuestro. Es nuestra fiesta. La única que nos articula es nuestra Pasión. La gente quiere expresar sus sentimientos de la mejor manera posible. Si una persona, horrible poeta, le escribe unas líneas a una Virgen, me parece maravilloso. Otra cosa es hacer un libro para recoger esos poemas. Eso se tiene que quedar ahí.
—Defina los diferentes roles posibles en la Pasión.
—Cofrades son los de túnica y los de paso, afortunadamente. La diferencia está en que la relación entre los hermanos de carga es mucho más fuerte, son una piña. Si eres de túnica, puedes ir incluso solo.
—¿Y el espectador?
—Creo que hay dos, incluso tres. El tradicional zamorano que, aparte de ver la procesión, desata unos sentimientos que van ligados a tu vida. «Ahí va tu padre o tu novia». El foráneo solo puede tener un sentimiento como espectador o desde el punto de vista religioso. El tercer grupo es el de los imbéciles, los que van a dar la lata, a molestar.
—¿Qué ve un historiador que no veamos los demás?
—No lo sé. Todos sabemos de Semana Santa en Zamora. Unos por lo que nos han contado y otros por lo que hemos estudiado. Pero al final es lo mismo. Cuando ves una procesión, se te olvida en qué año fue fundada. Y cuando escuchas Thalberg lejos de Zamora, si las notas están afinadas nos importa tres pepinos.
—¿Cómo le explica el orgullo semanasantero zamorano?
—Los zamoranos somos, por principio, los mejores… (ríe). Nuestra Semana Santa es muy importante. Somos el modelo del norte y debemos estar orgullosos.
—No le he preguntado por el pregón...
—No merece la pena... (vuelve a sonreír).

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