SHEILA G. CERVIÑO
La Real Academia acoge a «enfermeros» y «enfermeras», a «fontaneros» y «fontaneras» o a «empresarios» y «empresarias», pero no reconoce la palabra «peona» cuando es una mujer quien desempeña la labor de la construcción.
A lo mejor es porque no ha ido hasta el Polígono zamorano de Los Llanos, donde diez chicas de entre 24 y 37 años han comenzado un curso donde aprenderán el oficio de la construcción y profundizarán en un mercado en auge: el de las energías renovables.
El único requisito era estar desempleadas. La mayoría están en paro, mientras que sólo una de ellas es estudiante de Arquitectura Técnica en el campus de Zamora de la USAL.
El desplazamiento corre a cargo de ADEPRO (Asociación para el Desarrollo y el Progreso de Zamora), así que se desplazan en coche hasta las afueras de la capital. Excepto Chaily Leandro, quien dice: «hace tiempo me regalaron una bicicleta y ahora estoy le estoy dando uso». Puede que ese ejercicio diario a pequeña escala le sirva de entrenamiento para que luego la carretilla pese menos, pues su oficio anterior (era pinche de cocina) no tiene nada que ver con estas nuevas instrucciones.
Los profesores corren a cargo de la Fundación Orbe Zero, quienes les darán la parte teórica para conseguir la tarjeta de la construcción, de obligatoria posesión a partir de enero de 2011. En este aula comparten mesa con otros chicos, a los que no ven como una competencia: «es una pena que luego nos vayan a separar porque sus preguntas también nos ayudan y nos complementan», asegura Teresa Villalpando, de 35 años.
Las 140 horas de duración están subvencionadas por la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, porque precisamente «este organismo está interesado en que se formen mujeres en un campo en el que la mayoría son hombres», explica Jesús González, portavoz de ADEPRO.
Desde antes de ayer y hasta el próximo 8 de octubre profundizarán en la legislación de la construcción, la energía solar y la eólica. «Van a estar muy actualizadas porque recientemente ha cambiado el reglamento en materias de agua y gas y se le va a dar lo último que ha publicado el Ministerio de Industria», comenta Javier González.
De las tres especialidades pueden elegir las que quieran, pero la mayoría se manifiesta a favor de hacerlas todas. María Salomé Matilla resume lo que todas están pensando: «tal y como está la situación cuanto más nos enseñen mejor, porque no está la cosa como para cerrar ninguna puerta».
Casi la mitad de las asistentes ha desarrollado labores en el sector de la construcción, como las que fueron contratadas como peón por el Ayuntamiento de Morales del Vino. Una de ellas se enteró a través de un primo y como tenía la experiencia de haber hecho algún curso a través de estos organismos y estaba tan satisfecha, no dudó un instante en convencer a algunas de sus compañeras para que también se apuntaran.
«Vamos a ampliar conocimientos sobre accidentes laborales y sobre otros aspectos de la construcción», cuenta Mar Pérez, de 33 años.
Lo que también tendrán, como estudiantes que son, serán unos pequeños controles a lo largo del curso para evaluar sus conocimientos, así que no sólo deben desarrollar su cuerpo, sino también su mente.
Una placa de energía solar les espera para la parte práctica, donde ensayarán la instalación y, si el tiempo lo permite, también se iniciarán en la energía eólica. Se abordan así elementos distintos, pero que están relacionados entre sí, como es el calentamiento del agua, la calefacción o la creación de electricidad mediante los rayos del sol.
La energía térmica y fotovoltaica es un sector con más salidas que el de la construcción, según las preferencias actuales, pero también está acaparado fundamentalmente por el sexo masculino. Desde la organización desglosan la elección de las materias: «también nosotros nos vamos adaptando a los tiempos. Los primeros cursos que ofrecíamos, allá por el año 2002, eran sobre todo de contabilidad y de informática, pero ahora se demandan otro tipo de oficios y nosotros queremos ayudar a los zamoranos en su formación».
Al finalizar, obtendrán un título oficial muy valorado por las empresas de la construcción, además de la ya citada tarjeta obligatoria para hacer visitas de obras, así que sólo les queda echar currículums para encontrar trabajo.
También tendrán opciones en los negocios de energías renovables, aunque la mayor fuerza es la que ellas tienen por este curso para convertirse en futuras «peonas».
«Hace tiempo hice un curso aquí y me gustó tanto que cuando me enteré hace un mes de que había otro estaba segura de volver para continuar aprendiendo»