SUSANA ARIZAGA
Aunque la noche del Miércoles Santo y la madrugada del Jueves Santo discurrieron con «absoluta normalidad y sin incidentes, ni botellones», en palabras del concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Zamora, Francisco Javier González, algunos gamberros no desaprovecharon la ocasión para provocar daños en los escaparates de dos comercios de la calle de Santa Clara. Las lunas amanecieron rotas, golpeadas con algún objeto contundente. En la calle de La Vega al menos un vehículo tenía la luna resquebrajada. Fueron actos vandálicos puntuales, según la información recabada por este diario, de modo que la Policía Municipal no se vio obligada a intervenir para evitar ningún tipo de altercado, «no ha habido nada llamativo», apostillaba el concejal, salvo el rescate de una mujer que se quedó encerrada en su domicilio y tuvo que ser rescatada por los bomberos de la capital.
Alrededor de 40 policías municipales se movilizaron durante los desfiles para que las procesiones transcurrieran con normalidad, es decir, para «organizar el desfile e impedir que las personas y vehículos interrumpan la procesión», explicaba el edil del equipo de Gobierno del PP.
Dieciséis agentes locales se ocupan de la vigilancia de accesos al casco antiguo y desvíos, además de despejar de vehículos e impedir el tráfico rodado en las calles por las que transcurren los itinerarios procesionales. A estos se suman los policías locales que realizan los servicios ordinarios, atestados y otras atribuciones de su competencia para salvaguardar la seguridad. «Su función principal estos días es facilitar la movilidad de personas y vehículos», agrega Francisco Javier González, «para evitar embotellamientos y mantener las calles despejadas» al paso de procesiones.