La situación de crisis económica ha agravado la situación de los colectivos más desfavorecidos hasta el punto de duplicarse el número de familias de la zona del centro de la ciudad que tienen que acudir a la beneficencia para poder salir adelante. Lo confirma la parroquia de San Juan y San Vicente, que actualmente ayuda con la entrega de productos de primera necesidad a una treintena de familias que «no llegan al día diez de cada mes», cuando el año pasado por estas fechas sólo eran quince.
Fundamentalmente, se trata de personas mayores y una parte importante de inmigrantes, cuya demanda de ayuda también se ha duplicado en el mismo año. Según explican José María Calvo y Santiago Díaz, coordinadores de la ayuda en la parroquia, «hay familias con dos, tres o cuatro niños, y muchas de ellas son inmigrantes que vinieron buscando una situación mejor y ya han comenzado a regresar a sus países».
Sobre su presencia en una zona poco dada a los vecinos con mayores necesidades, desde la parroquia justifican que «las casas son más baratas», al tiempo que explican que «los inmigrantes estaban antes en la periferia de la ciudad y acudían a aquellas parroquias, pero ahora también están en el centro urbano».
En el caso de los extranjeros, en San Juan y San Vicente han detectado una mayoría de vecinos procedentes de Sudamérica, con ciudadanos de Ecuador, Perú, Venezuela o Colombia. No falta, tampoco, familias que han llegado desde países europeos, recientemente incorporados a la Unión, como Rumanía o Polonia.
Para poder sacar a estas familias adelante, la parroquia de San Juan contribuye con la entrega de productos tan necesarios como azúcar, leche, legumbres o arroz. Llegan desde Cáritas Diocesana, porque la ayuda viene cada vez con más dificultad del Banco de Alimentos. Asimismo, la parroquia de la zona centro cuenta con iniciativas como la sección de damas de «La Soledad», que acaba de realizar una importante entrega de productos como pasta, lentejas, gallegas, chocolate, café, aceite o conservas. «Su aportación ha sido estupenda y estamos encantados», refleja José María Calvo, quien recuerda que en la pasada navidad, la cofradía les entregó una treintena de cestas, también surtidas con alimentos básicos. ¿Para qué sirven? «Para pasar la semana, tapar huecos y salir adelante», coinciden tanto la parroquia de San Juan como las damas, tal y como explica su presidenta, Rosa Nieto, quien recuerda que «la zona del centro nunca había tenido tantos problemas».