CARLOS GIL
El presidente de la Organización Médica Colegial visitó recientemente el Colegio de Médicos de Zamora, y analizó los principales problemas que ocupan a la profesión, desde la falta de doctores a la Ley del Aborto, pasando por los problemas de financiación.
-¿Faltan médicos en España?
-Hace casi siete años se aprobó por unanimidad en el parlamento la Ley de Ordenacion de las Profesiones Sanitarias, con la ministra de Sanidad zamorana Ana Pastor, e incluia la obligación de todas las administraciones de elaborar un registro de médicos, de todos los que tenía el país, tanto la sanidad pública como la privada. No lo han querido hacer y en este momento se sabe el número de médicos, pero no su distribución, qué especialidades tienen y cuándo se van a jubilar. Nos falta saber cuantos médicos se van a necesitar en los próximos años.
-¿Por qué cree que no se ha hecho?
-Porque con este desconocimiento de la información es posible seguir haciendo lo que se quiera en política de personal. Por ejemplo trayendo médicos del extranjero sin ningún tipo de limitación, simplemente con la oferta libre del mercado. Nuestros médicos en buena parte, cuando no están contentos, se van fuera de España, llevamos unos años en que aproximadamente un 20% de los que acaban prueban fortuna en otros países. Esto lo sabemos porque tenemos que hacer un certificado de buen comportamiento para salir de España. Lo que no sabemos es cuántos regresan.
-Y también entran de fuera.
-Y con bastate poco control. Esa es una situación que no nos merecemos, ni se merece el sistema nacional de salud, ni los españoles.
-¿No es incongruente limitar el acceso a la carrera y a la vez traer médicos de fuera?
-En absoluto. El problema no es hacer médicos. Los médicos no pueden estar en una despensa esperando a que los saquen para utilizar. Para formar un meécio se necesitan unos requisitos y unas dotaciones, no se pueden hacer solamente a nivel teórico. Si no tienes capacidad para formarlos y especializarlos es absurdo. La capacidad formativa de especialistas de España es la que es, pero nos sobra para nuestras necesidades, otra cosa es que luego no los utilicemos. Luego no tiene ningún sentido hacer más de los que vamos a precisar o de la capacidad formativa que tenemos, porque primero haríamos malos médicos, no los podríamos utilizar con lo cual cuando lo vayas a recuperar de esa depensa no van a valer.
-¿Por qué?
-¿Quién pone en manos de un médico sin experiencia a su padre o a su madre?. Ese es el problema. Un médico para poder ser médico, para ejercer con garantías en un sistema como el nuestro tiene que estar formado, entrenado, preparado y por supuesto tranquilo en su casa para trabajar al día siguiente. Porque tenga mucho prestigio la profesión no podemos abrir las puertas a todo aquel que quiera ser médico. ¿Por qué se tiene que poner limitación en las facultades?, porque hay mucha demanda. Sólo necesitamos seis mil licenciados en medicina y con ellos suplimos de sobra las necesidades que tenemos. Si vienen nueve mil tengo que seleccionarlos necesariamente, a no ser que queramos bajar la calidad para que no haya tanta demanda, pero eso sería nefasto.
-¿Por qué quieren tantos jóvenes estudiar medicina?
-Porque tiene mucho prestigio la profesión.
-¿Qué postura mantiene su organización respecto a la Ley del Aborto?
- No es posible que de la noche a la mañana algo que era un delito se convierta en un servicio y no se permita que los médicos que no deseen practicarlo objeten en conciencia. No lo decimos sólo por el aborto, sino porque hay bastantes situaciones en medicina que plantean conflictos de valores a los profesionales. Y los plantean sobre principios que además la ciudadanía quiere que se mantengan. La ciudadanía quiere que le garanticen que un médico nunca lo va a matar, por ejemplo. En otro momento determinado puede ser que alguien le diga que hay un servicio que diga lo contrario, como en el tema, por ejemplo de la eutanasia. Entonces, la objeción de conciencia es necesaria, porque es la única manera de poder expresarse libremente y hacer efectiva la libertad de conciencia. Al final, eso lo hemos conseguido, y se reconoce no solamente para el aborto sino para más cosas. Hemos tenido el caso de la mujer saharaui con la huelga de hambre donde puede haber también conflictos de conciencia.
-También se ha conseguido matizar el aborto de menores sin permiso paterno.
-Nos parecía desde el punto de vista sanitario una barbaridad porque a esa niña luego hay que seguirla atendiendo en el ámbito familiar hasta muy mayor y hay que darle educación y atender sus enfermedades. Eso es un error porque el aborto es un trauma físico y psíquico de consecuencias impredecibles. Lo sabemos los médicos, pero no algunos políticos. Y el ámbito familiar es de las pocas cosas, con los médicos y los enfermeros, que cuidan los problemas de los ciudadanos. Por eso decimos que los padres deben de saberlo, al menos uno. También en ese sentido se ha avanzado, aunque no nos ha dejado del todo satisfechos, porque hay una pequeña salida.
-¿En qué otros puntos mantienen discrepancias?
-El consentimiento informado de la menor sobre todo, no puede ser cualquiera, sino de un tipo digamos más detenido, donde realmente se dé tiempo a meditar de las consecuencias y las posibilidades que tiene. Y decimos también que cuando superen las 22 semanas, el informe que avale el riesgo para la madre o el feto se elabore por más de un médico, que sean al menos dos los que participen.
-En épocas de crisis se habla de recortes, también, en el gasto sanitario. ¿Partidario de hacer pagar parte del coste sanitario a los usuarios, el copago?
-No. Si introducimos un copago con el fin de que ayude a financiar el sistema público tiene que ser un copago intenso, fuerte, que tenga algo que ver con el coste de las prestaciones. Eso supone una desigualdad tremenda porque habría muchos españoles que no lo podrían asumir, sobre todo los más débiles, los más enfermos, los más mayores y los menos informados. Malo. Si es un copago simplemente para ordenar, por ejemplo, el precio de la caja de aspirinas, y que no gaste aquel que no lo necesite, en la mayor parte de la clase media española el que tenga mucho afán por ir a la consulta, seguirá acudiendo, porque lo va a poder pagar. Sin embargo, ¿qué va a pasar con esa pequeña cantidad de gente más necesitada?, sobre todo los mayores, que siempre tienen tendencia a un ahorro ilimitado. Va a ocurrir que van a limitar su demanda asistencial, su queja, por razones de una pequeña cantidad de dinero. A mi personalmente no me convence para nada el copago, hablando de diganóstico y tratamiento.
-¿Y recorte de prestaciones?
- Otra cosa distinta es que digamos, bueno, las prestaciones del sistema sanitario llegan hasta aquí, son así, y usted tiene derecho a una cama en una habitación, pero no a una habitación individual, quien la quiera que pague un exceso. O que decidan que mañana usted tiene una comida a la carta, pues la pague. O por ejemplo, ¿es necesario ir a pedir un preservativo a las cinco de la mañana a un centro de salud?. No sé. Que se decida lo que es necesario y lo que no lo es. En la cultura médica de España, que no es así en otros países, todos los ciudadanos son iguales. Y lo que se decida que es necesario, que sea gratis y universal, para todo el mundo. Y ante ese principio, el único que tiene que regular la demanda es el médico.
-Pero ya hay copago en las medicinas.
-Yo lo revisaría, porque lo que no nos parece justo que un pensionista que cobre la pensión máxima no pague absolutamente nada -y no digo que tenga que pagar- y un señor que está en el paro y que tiene un hijo con una enfermedad grave pague el 40% por medicinas caras. Esto es lo que no entendemos, no nos cuadra. Y no decimos cuál es la solución, no es nuestro problema, pero no es justo. O sea, ese copago tiene que cambiar.
-La gripe A, al final, resultó más ruido que nueces. ¿Actuaron bien las autoridades frente a la pandemia?
-Creemos que las autoridades sanitarias españolas se han comportado bien en el manejo de la crisis sanitaria por gripe A, aunque siempre se puede hacer mejor. ¿Qué ha ocurrido?. Pues que nosotros en un momento hemos tenido que poner un pie en la pared para decir, hasta aquí hemos llegado, porque se estaba escandalizando en exceso. Lo dijimos ya en verano, que está bien informar, pero no se podía escandalizar a la población porque tenemos entonces dos problemas, el de la crisis y el del escándalo, que también tiene consencuencias sanitarias, sobre todo para la población más débil. En septiembre agravamos nuestras críticas y ya tuvimos que aventurar que sospechábamos que detrás de esta crisis se estaba creando una epidemia de miedo con algún tipo de razón económica por detrás. Ahora aparece la Organización Mundial de la Salud con unas acusaciones donde se duda de su verdadera autonomía e independiencia. Exigimos que la autoridad sanitaria mundial tiene que quedar libre de cualquier tipo de sospecha si quiere mantener la autoridad moral que siempre ha tenido.