NATALIA SÁNCHEZ
Miles de personas abarrotaron las calles para seguir desde las aceras el recorrido de los Reyes Magos por la ciudad en un desfile que resultó rápido y bien organizado, a decir por los espectadores. El punto donde más zamoranos se dieron cita fue la Plaza Mayor donde en el escenario ubicado delante del edificio del Ayuntamiento se situó el Misterio viviente al que adoraron los pastores y los Reyes.
Los saludos de sus Majestades de Oriente hicieron que los pequeños comenzaran a agitar los brazos con gran alegría. El reloj del consistorio marcaba las 20.00 horas cuando la alcaldesa Rosa Valdeón se dirigió a los presentes. «Me han preguntado que si habéis sido buenos y les he dicho que sí», dijo para apostillar: «Me han pedido la llave mágica de la ciudad, ¿Se la doy?», interpeló la regidora, rodea de prácticamente de toda la corporación municipal, a lo que cientos de niños gritaron al unísono un «sí» ensordecedor.
El primero de los Reyes que se dirigió a los pequeños, muchos subidos a hombros de sus padres para ver a los monarcas, fue Melchor que les pidió que fuera solidarios y compartieran con quienes menos tiene, en tanto que Gaspar les instó a que fueran buenos durante todo el año, en tanto que Baltasar, cuyas palabras fueron acogidas con una gran ovación por parte de los presentes, indicó a los padres que fueran un ejemplo para sus hijos y a los vástagos les reclamó generosidad con los menos afortunados.
La amenaza de lluvia que parecía que iba a deslucir la cabalgata no impidió que casi media hora antes de la salida del cortejo real a las 18.30 horas las aceras de la avenida Príncipe de Asturias estuvieran repletas de niños acompañados de sus padres o abuelos así como grupos de adolescentes.
Los zancudos, las cariocas así como varios grupos de animación de calle de las formaciones de teatro de Zamora ataviados en tonos metalizados acompañaban a las dos primeras carrozas, una de las cuales repartió diversos regalos como pelotitas de motivos infantiles. Las bengalas portadas por actores de Zamora cerraban la primera parte del desfile.
Las gallinas y burros llamaron la atención a los más pequeños en la segunda parte del desfile en el que participaron más de 750 personas. Tras los animales se sucedieron la carroza de la posada de Belén y la fortaleza de Herodes, rodeada por soldados romanos, y plataforma con un Belén Viviente, que luego se situaría en el escenario de la Plaza.
La llegada de los vehículos de Correos y los cohetes anunció a los zamoranos que los tronos reales encaraban el tramo final del recorrido. Dos heraldos a caballos y parasoles seguidos de 60 niños vestidos en color azul precedieron a la carroza de Melchor ambientada en Asia. «Mira, ¡qué de caramelos!», decía una madre a su hijo mientras que las personas que los rodeaban se afanaban por hacerse con algunas de las golosinas lanzadas por los integrantes del cortejo. Y es que en esta cabalgata se han tirado cuatro toneladas de caramelos, entre las modalidades de duros y blandos. Precisamente éstos llevaban en el envoltorio un mensaje de la empresa de limpieza Zamora Limpia: «deposítame en la papelera».
A Melchor le seguían los niños vestidos en verde que respaldaban a Gaspar, mientras que el rojo fue el color de la vestimenta de los acompañantes de Baltasar, cortejo a cuyo paso los niños demandaban con más énfasis que les tiraran caramelos.
Más de uno comentaba la rapidez con la que había transcurrido el desfile, lo que había hecho que llegaran de milagro a ver a los Monarcas, aunque también les brindó la oportunidad de verlos en la Plaza. El orden y la calidad de los trajes era alababa por otros. «Parece que vamos mejorando», aseguraban varios espectadores al tiempo que un joven hacía énfasis en que «este año no se han sobrepuesto distintas bandas sonoras durante la cabalgata».
Con una gran traca en la Plaza Mayor concluyó el desfile, aunque el trabajo de los Tres Magos de Oriente prosiguió ya con la llave mágica en una de las jornadas más largas para estos vetustos monarcas que llegaron a la capital a las 11 horas, momento desde el que llevaron regalos a los ancianos del Asilo y de la residencia de Los Tres Árboles que se mostraron muy alegres. Un entusiasmo que también les transmitieron en el hogar de los Bloques o en el ubicado en San Lázaro así como los pequeños de la guardería situada en el Polígono de La Hiniesta, entre otros lugares.