NATALIA SÁNCHEZ
Desde mapas blancos con relieves a cartografía en la que los continentes y países figuran en colores e incluso rotuladores olorosos que ayudan al niño ciego a asociar un color con un olor -el amarillo huele a limón o el negro, a regaliz- forman parte de una exposición sobre la educación con el sistema braille para los invidentes, inaugurada ayer en La Alhóndiga por el jefe de Servicios Sociales de la ONCE, Fernando Sánchez-Guijo, el delegado de la Junta, Alberto Castro y la alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón.
Con esta iniciativa la organización pretende dan a conocer los objetos que facilitan el estudio a las personas con discapacidad visual y aproximar a la realidad de las personas ciegas en el bicentenario del nacimiento de Luis Braille.
La muestra cuenta con elementos que tienen más de 25 años y «muchos de ellos han facilitado una educación integrada», detalló la educadora de la ONCE de las provincias de Zamora, Salamanca y Ávila, Ana García. Así ejemplifica que algunos profesores «acaban utilizando la tabla periódica en braille porque en cada celdilla «jugamos con colores, texturas y figuras y se aísla cada elemento».
La exposición incluye objetos de autonomía personal como termómetros y despertadores o relojes sonoros, al igual que las calculadoras, detectores de semáforos o un avisador de luz para saber si una estancia todavía está iluminada o elemento lúdicos, juegos como el tres en raya, parchís, con muescas para cada color, o la baraja española en la que cada carta está etiquetada con el número y la inicial del palo en braille.