Aseguraron que, a pesar de sufrir un brote psicótico, podía «acordarse sólo de lo que le interesa» para obtener una atenuante por enfermedad mental. Asimismo, le diagnosticaron una psicosis ocasionada por el consumo de drogas y no «primaria o breve», como había determinado el colega que le trató en el psiquiátrico penitenciario de Alicante. Sin embargo, sostuvieron que «cuando se ve en el control policial, piensa que le persiguen a él, hay una relación entre su estado delirante de persecución y su comportamiento», es decir, la carrera imparable cuando el dan el alto. Incluso «rompe los cristales de las ventanas de su casa porque cree que le quieren matar y le persiguen», añaden.
La defensa recordó que «la falta de sinceridad» que le atribuyen a su cliente los clásicos en psiquiatría dicen que es «sintomatología» del psicótico, la «esconden cuando todavía controlan su enfermedad porque se dan cuenta de que no es normal» lo que ven y «saben que les van a decir que están locos». A preguntas de la magistrada que presidía la sala, Esther González, concretaron que la psicosis por consumo de cocaína «afecta de forma importante a la imputabilidad» del acusado. El especialista del penal fue más rotundo: Pablo A.F «padecía un trastorno psicótico cuando ocurrieron los hechos y cree cosas que no tienen nada que ver con la realidad y actúa en consecuencia, de acuerdo con el estado delirante que sufre». Apuntó que «no se puede decir que lo que cuanta no sea cierto».