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JOSÉ MARÍA SADIA En Zamora, las mujeres víctimas de la violencia machista tienen tres apoyos de los que recibir ayuda cuando se produce el maltrato. La Guardia Civil, los Centros de Acción Social y los centros sanitarios suponen el primer contacto. A partir de ahí, según reflejan los profesionales, llegan las dos decisiones más duras: denunciar al agresor y mantener la acusación. Es en este ámbito, donde los profesionales sostienen que la información y el reconocimiento de los derechos son fundamentales. En muchas ocasiones y frente a lo que pueda parecer, las mujeres no saben a quién acudir para recibir ayuda. La respuesta es el 016, un teléfono que facilita los recursos para combatir una lacra social que en España ha dejado en lo que va de año 49 mujeres fallecidas. De ahí que el trabajo desde la Administración sea «largo» y esté enfocado a «medio y largo plazo».
Diversos actos conmemoran y refuerzan hoy la lucha contra la violencia de género en todo el mundo. Este tipo de iniciativas son las que redundan en «una mayor sensibilización social», tal y como argumentan desde la Unidad de Violencia de Género. Sin embargo, el resto del año es muy largo, sobre todo para las mujeres que sufren diariamente el maltrato. El testimonio de los profesionales que en Zamora ayudan tanto a las víctimas como a sus familiares -víctimas, en todo caso- se traduce en un llamamiento al respeto, el apoyo y la solidaridad.
Sólo ellas y, en su caso, sus hijos saben que, incluso en algunos casos, las películas ni se aproximan a sus experiencias, que «la realidad supera la ficción». Únicamente desde el respecto puede hacerse un acercamiento a esa «realidad». A continuación se muestran algunas reflexiones de los profesionales que están al lado de las víctimas. Una parte de ellas corresponden al programa Fénix de la Junta de Castilla y León. Sólo este servicio ayuda en Zamora a unas veinte mujeres, cuarenta personas si se incluyen a sus familiares, sobre todo sus hijos.
t Sumar fuerzas. En 2007, nació en Zamora la Unidad de Violencia de Género como servicio destinado a unir fuerzas desde la Subdelegación del Gobierno. «Nuestra labor es coordinar fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado con las instituciones y recursos que existen», explican desde el órgano. En la actualidad, la relación entre la Oficina de Asistencia a las víctimas, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los CEAS y la Sección de Mujer de la Junta es fluida».
t Presión social y «vergüenza» en las zonas rurales. Según explican desde la Subdelegación del Gobierno, hay muchas mujeres que viven en municipios de menos de 20.000 habitantes, donde las tasas de denuncias se mantenían en niveles más bajos que en la capital. «La mujer en los municipios pequeños tiene unas características especiales. Allí no existe el anonimato y la presión social y la vergüenza para reconocerse públicamente como una víctima todavía está presente», revela Margarita Tarilonte, responsable de la Unidad de Violencia de Género. «Todavía se culpabiliza a las víctimas porque existe ese reproche del "algo habrá hecho ella", máxime en municipios pequeños, donde todo el mundo se conoce», explica.
t El miedo impide el acceso a la información. La lucha contra los tópicos establecidos en la sociedad es uno de los principales caballos de batalla para los servicios que trabajan contra la violencia doméstica desde la Administración. Según reconocen, la sociedad «no se cree» que las mujeres maltratadas no sepan donde acudir cuando viven el problema en carne propia. Pero así es. En Zamora, «las víctimas piden poca información», apunta Margarita Tarilonte, responsable de la Unidad de Violencia de Género. «Posiblemente, porque las propias mujeres viven a veces situaciones en un proceso psicológico de miedo y estrés y no saben donde acudir», apunta.
t Distancia con las campañas informativas. Lejos de lo que pueda parecer, una parte de las víctimas no se sienten como tales y ven su situación personal a kilómetros de lo que, día a día, se refleja a través de los medios de comunicación. La agresión se reconoce con facilidad ante el maltrato físico. Pero, ¿qué pasa cuando es de otra naturaleza? «Todavía determinados tipos de agresiones como humillaciones, vejaciones, violencia sexual, insultos? pueden considerarse como patrones más o menos normales, en los que la mujer no se considera víctima», explica Margarita Tarilonte. «Algunas sí se sienten víctimas de la violencia, otras no. Nuestro trabajo consiste en hacerles ver que eso no es vida», añade Charo Gago, psicóloga del programa Fénix, dependiente de la Junta de Castilla y León.
t Restablecer la confianza. Desde el punto de vista profesional, la confianza es «esencial». «Si no sabemos cómo se sienten, no podemos hacer nuestro trabajo», revela Charo Gago. Precisamente, esa sinceridad ante los profesionales desemboca en testimonios «durísimos, dantescos». Según la psicóloga, «a veces nos dicen que lo que aparece en las películas se queda corto, que es pura ficción».
t Destrozadas. Una vez que dan un paso al frente para poner fin a la situación que viven, las víctimas reciben la ayuda que precisan. «Hay mujeres que llegan muy mal, totalmente destrozadas, deterioradas, con depresión y la autoestima muy baja», confiesan los responsables del programa Fénix. Esa triste realidad tiene otra cara, la de los profesionales. «Hay que intentar mantener esa distancia terapéutica, pero también la proximidad y cercanía que en ese momento necesita la mujer. Cualquier logro que consigues es gratificante, aunque todos los logros y avances los consiguen las mujeres con mucho esfuerzo», añaden desde la oficina de la Subdelegación del Gobierno.
t Los hijos, también víctimas. «Los jóvenes no llegan tan mal como las mujeres, no sufren el mismo estado de depresión», explica la psicóloga Charo Gago. Algunos, adolescentes, tienen «ideas distorsionadas», fruto de la realidad que han vivido en casa durante años. Aún así, cuentan con recursos importantes -según explican-, como el grupo de amigos, «un apoyo fundamental».
t Los hombres con pasado violento, ante el reto de recuperar la familia. Los recursos vigentes también prestan ayuda a los maltratadores. De un lado, los que lo hacen ante la alternativa de la cárcel. De otro, los voluntarios, cuyo cambio de conducta es más sencillo, «porque la actitud es positiva y trabajan para mejorar el clima en el hogar y recuperar su familia», explica Charo Gago. En todo caso, como en cualquier otro tipo de cambio de conducta, «siempre es complicado». Para ello, el programa Fénix establece una serie de sesiones a lo largo de unos veinte meses, en los que los cambios se van produciendo lentamente.
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