TANIA SUTIL
Rechazo frontal y sin paliativos. Cuando parecía que los comerciantes habían alcanzado un consenso con el Ayuntamiento para permitir la implantación de cámaras lectoras de matrículas en el casco histórico a cambio de permitir el tránsito de vehículos hasta las once y media de la mañana, el sector planta cara a la medida municipal. La treintena de comerciantes afectados por el área de influencia de las cámaras ha unificado posturas en las últimas horas al entender que la restricción del tráfico rodado «tendría consecuencias muy negativas para sus negocios», apunta Ángel Hernández, secretario de la Asociación Zamorana de Comerciantes (Azeco).
Pese a que en una primera reunión mantenida el nueve de noviembre con el concejal del área los comerciantes asumieron la instalación de los lectores de matrículas, «el sentir unánime de los afectados es que las cámaras serán perjudiciales y es necesario que no lleguen a funcionar», apuntan. Esta percepción «firme» será la que el sector comunicará al equipo de Gobierno, que ahora tendrá que mover ficha de nuevo y decidir si seguirá adelante con la medida pese a las previsibles reacciones de los comerciantes o, por el contrario, dará marcha atrás ante la repulsa unánime a la restricción del tráfico.
La postulación del gremio «no tiene marcha atrás» y apuesta por la circulación libre y sin ataduras de horarios por el casco, de modo que ya adelantan que no aceptarán a cambio una mayor flexibilización: «lo que queremos es que las retiren», indican.
A la espera de plantear al Ayuntamiento esta nueva decisión y de la consiguiente respuesta municipal, desde Azeco confían en que el equipo de Gobierno «nos entienda y no haya que tomar medidas posteriores porque es de sentido común», sopesa Hernández en representación del sector.
Las exigencias de los comerciantes del casco histórico van más allá y pedirán explicaciones al concejal del área sobre «sus pretensiones en torno al uso del área antigua para saber si desean convertirlo en un futuro en una zona residencial, pública o turística», se preguntan. En este último caso -el de la promoción de la ciudad a los turistas- los comerciantes valoran que «habrá que construir la casa por el tejado, es decir, primero que vengan los turistas en masa y después valoraremos si tiene sentido cerrar el casco», sopesan.
Mientras tanto, el Ayuntamiento continúa con su ronda de conversaciones con los sectores afectados por la medida. Si ya lo hiciera en su día con comerciantes, hosteleros y transportistas, ahora le toca al turno a profesionales del sector servicios, tales como fontaneros, electricistas o cerrajeros, así como asociaciones vecinales y representantes de padres de alumnos que cursan sus estudios en colegios afectados por la implantación de cámaras lectoras. A todos ellos les garantizan «flexibilidad».