El fiscal jefe de la Audiencia, Rafael de Vega, dio por demostrados los delitos que se le imputan al acusado de desobediencia y conducción temeraria, con desprecio para la vida de otras personas, a tenor del testimonio de los guardias que participaron en los controles policiales y la persecución. Pero no se posicionó con la acusación, que pidió 18 años de prisión por asesinato, y mantuvo que el «homicidio doloso, no imprudente», como sostiene la defensa, porque «sabía que el volantazo que dio le causaría la muerte al guardia, que iba en moto». Y también discrepó al indicar que «la violencia del acto no se puede discutir, pero sí la voluntariedad por la enfermedad que padece». E incidió en que «no nos queda claro el origen del trastorno» psicótico de Pablo A.F., «queda la duda de que simulara no acordarse de lo ocurrido» para exculparse y si así lo estiman los magistrados de la Audiencia, tendrán que «atenuarle la pena» porque cuando hay duda se debe favorecerse al reo.
Igualmente, será atenuante de los otros dos delitos. La defensa, aunque rebajó la petición de cárcel de 48 a 34 años, añadió dos de intento de homicidio contra sendos agentes, que no fueron atropellados «porque se apartaron, no porque el acusado no quisiera acabar con sus vidsa». Sostuvo la existencia de alevosía porque «se gira hacia la izquierda para embestir» a la víctima, «para matarla y ésta no tiene posibilidades de defenderse». Y el arma que usa es el coche. La defensa pidió seis meses de prisión para su cliente por homicidio imprudente, al alegar la eximente completa por su enfermedad. Por las otras infracciones, solicitó tres meses de cárcel.