SUSANA ARIZAGA
La familia del guardia civil de Tráfico que murió en la A-66, en la comarca de Benavente, exige más de 40 años de cárcel para el joven conductor que le atropelló al saltarse un control y hacer caso omiso de las indicaciones del finado cuando le instó a detener su marcha. El procesado, Pablo A.F., que será juzgado mañana en la Audiencia Provincial, se enfrenta a la imputación de un asesinato (hasta 25 años de prisión) y varios delitos para los que la acusación particular exige la imposición de las penas máximas que permite el Código Penal, por lo que la suma de las mismas supera los 40 años de cárcel, según fuentes de toda solvencia.
La familia del agente de Tráfico arrollado, Miguel Angel L.L. (natural de León), el 11 de julio de 2007, que murió a los 37 años, a un kilómetro de Villaquejida, estará respaldada por la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), que ha convocado a los medios de comunicación a las puertas del Palacio de Los Momos para exponer su opinión sobre lo sucedido el fatídico día en el que su compañero perdió la vida en acto de servicio.
El Ministerio Fiscal calificó inicialmente el atropello y fallecimiento del agente como un homicidio doloso, penado con hasta 15 años de cárcel; delito con el que concurría otro de resistencia a la autoridad (entre uno y tres años de cárcel); otro contra la autoridad; y finalmente uno de conducción temeraria (castigado con hasta dos años de prisión si no existe desprecio por las normas y peligro para la vida o integridad física de las personas, cuando la pena puede llegar a los cuatro años de reclusión).
El juez de Benavente decretó un día después del suceso prisión incondicional para el joven detenido de 25 años, que ingresó en el psiquiátrico de Fontcalent (Alicante) al diagnosticarle el forense de Benavente un brote psicótico que explicaría el comportamiento delictivo del procesado.
El trágico episodio se produjo cuando el agente Miguel Angel L.L. trató de dar el alto a Pablo A.F., que conducía un vehículo Opel Astra rojo con el que se había saltado ya un control antiterrorista rutinario montado en la provincia de León. El imputado, acompañado por una joven, E.G.F., con la que viajaba desde la localidad leonesa de Sahagún, donde al parecer trabajaban ambos, lejos de atender la orden del agente, continuó su marcha, actitud ante la que el finado optó por situarse con su motocicleta en paralelo al turismo. El detenido «giró entonces el volante para embestirle», según las diligencias del Juzgado.
El atropello se produjo después de que el guardia le persiguiera durante varios kilómetros y decidiera colocarse junto al vehículo para intentar impedirle la marcha. Una vez que estuvo a la derecha del coche, el joven habría dado el volantazo para que el agente no continuara persiguiéndole: El brutal impacto le lanzó con su motocicleta contra el quitamiedos de la autovía A-66 y le causó la muerte instantánea.