Franciscano de la Cruz Blanca que acoge a mujeres embarazadas inmigrantes 
Isidoro Macías «Padre patera»

«Las mafias engañan a las mujeres y les dicen que van a conseguir todo en Europa»

«Las inmigrantes cada vez están más informadas, pero desconocen los entresijos legales»

 
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El fraile Isidoro Macías, rodeado de asistentes al Foro Joven Castilla y León en el Campus Viriato.<br />
El fraile Isidoro Macías, rodeado de asistentes al Foro Joven Castilla y León en el Campus Viriato.
 Foto Emilio Fraile

NATALIA SÁNCHEZ El fraile Isidoro Macías, más conocido como «Padre Patera», nombre con el que le bautizó el periodista zamorano Luis César Iglesias, explicó ayer en el «Foro Joven Castilla y León» sus vivencias personales trabajando con inmigrantes en Algeciras.


-Desde 1982 trabaja en Algeciras con los más desfavorecidos, pero ¿qué le hizo ayudar al colectivo de inmigrantes?


-Comencé ayudando a los mayores, a personas que no tiene a nadie, a quienes no tienen familia o que sí, pero como si no la tuvieran, y tienes que recogerlos. Si nos dedicamos a amparar a quienes no tienen nada, las personas que llegan tras cruzar el Estrecho también nos necesitan. En 1999 y 2000 comenzó la masificación de la llegada con hasta 300 personas a diario. Las fuerzas de seguridad no tenían un lugar donde acogerlos. Era muy triste ver llegar a mujeres embarazadas de ocho y hasta de nueve meses y unos días y que carecieran de ayuda a las puertas del parto. Recuerdo que una de las primeras a la que atendimos dio a luz en la casa. Me avisaron, me dijeron en inglés algo. Mis conocimientos de esta lengua se limitan a «inglés andaluz», pero comprendí que esa criatura iba a nacer. Para mí resultó un milagro porque estuvieron madre e hija unidas por el cordón umbilical diez minutos y cuando llegaron los servicios de urgencias me advirtieron que no eso no podía ser, que hay que separarlas rápidamente. Dios tenía la mano puesta para que la niña saliera adelante.


-En la actualidad acoge a mujeres que pasan el Estrecho, muchas de ellas en embarazadas.


-En la actualidad ayudamos a una veintena de abuelos, dos matrimonios, una mujer y cuatro niños, damos comidas los martes y atendemos a quienes llegan. Les facilitamos ducha y comida y si tenemos dinero, pues algo le damos. En cuanto a las mujeres, son muchachas de 19 a 21 años que buscan el Maná, aquello que en su tierra no tienen, pese a que en sus países hay dinero pero el capital lo tienen cuatro personas. Las mujeres que ayudamos vienen engañadas por las mafias que les dicen que en Europa van a encontrar de todo. Además a través de la parabólica ven en la televisión cómo se vive en Europa. La idea que traen es que van a tener trabajo, se van a situar bien y van a poder mandar dinero a su casa. Sus maridos las esperan en Marruecos y pagan nuevamente a las mafias para que vengan y puedan llevar una vida conjunta en España. Las mafias no les dicen cuál es la situación económica actual. Han venido antes de la crisis, durante y seguirán llegando. Ellas con lo que se encuentran es con las fuerzas seguridad.


-¿Cómo están estas féminas cuando llegan a su casa?


-Anímicamente, muy mal. La fe para ellas es todo, de hecho cuando pasan el Estrecho, rezan. Cada vez están más informadas de quién les puede ayudar e incluso viajan con móviles, de tal forma que si ven que van a la deriva avisan a Salvamento Marítimo. Sin embargo, desconocen los entresijos legales ni que pueden ser expulsados de nuevo a su país.


-En su intervención ha calificado a las mafias de «malditas» y «mentirosas». No tiene pelos en la lengua. ¿Ha recibido alguna vez algún tipo de amenaza?


-Todavía no, pero al hablar en los medios de comunicación no descarto que el día menos pensado las mafias se cansen de que las ataques y de que hable mal de ellas. Cualquier día los periódicos pueden publiquen la noticia de que al Padre Patera le han pegado un porrazo y lo han matado.

-¿Quién tiene que ponerse más las pilas con la solidaridad: el Estado o la sociedad?


-Los gobiernos de Europa. La fe mueve montañas y los medios de comunicación logran mover corazones, y cada vez que salgo en uno de ellos la gente es solidaria. Así me llegó una vez una carta de esta tierra que venía al nombre de «Padre Patera, Algeciras». Pese a sólo contar con estos datos la carta me llegó y contenía cinco euros, quizá era lo que podría ayudar esa mujer en ese momento, y un texto en el que decía: «Padre rezo por usted». Le di más importancia a esto segundo que al dinero.


-¿Qué demanda a los poderes públicos?


-Europa debe implicarse. Dicen que está haciendo algo, pero ha habido ya varias ley de extranjería. Cada vez que llega un partido al poder apuesta por una normativa, por lo que creo que debería de haber una política común por parte de toda la Unión Europea. Además para acabar con la afluencia de personas a las costas, creo que deben de venir con contratos de trabajo. Europa debe invertir en estos países, ya sea en agricultura o industrial, pero controlado desde Europa. También es fundamental una campaña de publicidad en los países de origen de la emigración para que conozcan las muertes que se producen en el Estrecho, el problema es todo esto lo dice un simple fraile.


-Habla de una normativa común y en España algunas organizaciones no gubernamentales protestaron ante el borrador de reforma de la Ley de Extranjería que manejó el Ministerio de Trabajo e Inmigración en el que se contemplaban penas para personas y colectivos que ayuden desinteresadamente a inmigrantes sin papeles.


-Me alegro que hayan suprimido este punto en el que penalizaban que si tenía inmigrantes ilegales en casa tenías que pagar 30.000 euros. Lo han eliminado y por lo menos podemos ayudar sin ir a la cárcel. ¿Quién me puede prohibir que ayude a un semejante si el dinero no sale del Estado?


-¿Quiénes le ayudan?


- Las personas normales y sencillas que desean colaborar. También muchos de los de dicen que no creen en Dios, pero dicen que creen en mí y en mi labor. Soy de carne y hueso y comprendo a quien viene a mi casa.


-Ha manifestado que «no hace falta ser cristiano para hacer el bien».


-Yo estoy intentando llevar el Evangelio. La Iglesia es la primera en trabajar con enfermos de Sida, la drogodependencia, la emigración? cuando no había nadie estaba este fraile. No hace falta ser fraile ni cura, lo que hace falta es un compromiso.


-Aludía a que cuando comenzó su labor con las mujeres eran momentos de gran afluencia de pateras y gran cobertura mediática. Las embarcaciones siguen llegando, siguen muriendo personas en los 15 kilómetros que separan África de Europa. ¿Tiene miedo de que la sociedad olvide y se vuelva insensible?


-Temo que el problema llegue a pasar desapercibido para la población y al mismo tiempo tengo esperanza. Hace unos días en Sevilla acudí a un homenaje a una señora que ayudó a un niño y su madre cuando acaban de cruzar el Estrecho. Todavía quedan buenas personas.


-Tanto en Algeciras como en la casa que tienen en Tánger cuentan con la ayuda de jóvenes. ¿En qué consiste este voluntariado?


-En Algeciras llaman por teléfono y vienen a ayudarnos, mientras que en Tánger está todo más organizado mediante turnos de 15 días. Me gusta trabajar con los jóvenes y escucharlos. Tenemos que escucharlos al igual que a cualquier persona. Creo que si fuera sacerdote permitiría que se hiciera un botellón en los salones parroquiales, pero a cambio de que hicieran algo social o trabajos manuales para luego venderlos en Navidad y comprar juguetes para niños pobres.





Minas de San Telmo


Superior en Algeciras de la Casa Familiar Virgen de la Palma de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, orden a la que pertenece. Su vocación de ayudar a los más necesitados le surgió en el Servicio Militar en Ceuta, donde entró en contacto con Isidoro Lezcano, con quien colaboraba en sus permisos. Más tarde en Tánger funda con Isidoro Lezcano Guerra una casa para acoger y asistir a aquellos ciudadanos españoles que vivían en la época del protectorado español en Marruecos y que no deseaban volver a España. Tras pasar por Cáceres, Venezuela y Costa de Marfil recala hace más de 25 años en Algeciras, donde atiende con otros frailes a una veintena de ancianos de forma continua y tiene la puerta siempre abierta a cualquiera que reclame su ayuda.


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