CARLOS GIL
El diez por ciento de los centros de salud de Castilla y León ha comenzado a pedir del diagnóstico genético para casos de hipercolesterolemia familiar, una prueba que permite la detección precoz de esta enfermedad y su tratamiento, con el fin de evitar que los pacientes de esta patología puedan sufrir un infarto cuando tengan entre 30 y 40 años.
El doctor Pedro Mata López, jefe asociado de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz, señaló ayer en Zamora que España es el primer país que ha patentado un «biochip» para el diagnóstico de la enfermedad, primera causa genética de las enfermedades cardiovasculares. Y Castilla y León es una de las nueve comunidades que lo tiene implantado con la ventaja, además, de que en nuestra región pueden ser los médicos de cabecera, previamente entrenados, los que soliciten la prueba. Alrededor de cinco mil castellano leoneses se estima que sufren hipercolesterolemia familiar, cuya esperanza de vida es entre 20 y 30 años inferior al de la población general si no se diagnostican y tratan a tiempo, debido a que la enfermedad no da síntomas y multiplica por diez el riesgo de infarto. El doctor Mata, por su trabajo sobre hiperlipidemias, y el catedrático Jesús Usón, director de la Fundación de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres -un centro de investigación de referencia internacional-, recibieron los Premios Nacionales de Investigación de la Fundación Científica Caja Rural, denominados «Diputación Provincial» y «Ciudad de Zamora-Ayuntamiento» en honor a las instituciones patrocinadoras.
En el acto, celebrado en el Colegio Universitario, estuvieron el presidente de la Caja, Manuel Ballestero, el director general, Cipriano García, el vicerrector de investigación de la Universidad, Fernando Pérez Barriocanal o el presidente de la Real Academia de Medicina de Salamanca, José Antonio González, además de las autoridades locales.
Jesús Usón Gargallo es uno de los pioneros en el desarrollo de la cirugía mínimamente invasiva o laparoscópica, que consiste en realizar intervenciones a través de unos tubos, de una forma menos agresiva que la cirugía convencional, con menor riesgo de infecciones y un periodo de recuperación del paciente mucho más corto. Empezó en el año 83 en Zaragoza, pero fue el entonces presidente extremeño, Rodríguez Ibarra, el que le ayudó a desarrollar un centro pionero.