S. ARIZAGA
El vecino de Pinilla procesado por el crimen de su esposa, M.J.O.S., a la que acuchilló en mayo de 2008, se enfrenta a la petición de 15 años de prisión por un delito de homicidio, tres por maltrato habitual y nueve meses por amenazas en el ámbito familiar, además de la retirada de la patria potestad del hijo menor de edad por cinco años y la prohibición de aproximarse a los otros dos por otro tanto tiempo.
De este modo, el fiscal exige a la Audiencia Provincial que imponga las máximas penas que permite el Código Penal por los tres delitos y solicita a la Audiencia Provincial, que juzgará el caso, que aplique las agravantes de parentesco y abuso de autoridad respecto de la mujer por el delito de homicidio. Una vez cumplida la condena, la Fiscalía solicita que no pueda aproximarse a sus hijos y la familia de la víctima durante diez años.
Por lo que respecta a las indemnizaciones por los daños morales, el fiscal exige al acusado, J.D.D., de 44 años de edad, el pago de 120.000 euros para cada uno de los tres hijos; 60.000 para los padres de la finada; y 20.000 para cada uno de los tres hermanos de la víctima. La Audiencia Provincial ya ha dado traslado del escrito de acusación de la Fiscalía al abogado de la familia, que con toda seguridad calificará los hechos como asesinato, lo que elevaría la solicitud de penas de prisión muy por encima de los 20 años.
Una vez que este abogado haya calificado los hechos, para lo que dispondrá de cinco días desde que reciba la documentación de la Audiencia, se dará traslado a la defensa. Concluido ese proceso se dictará la apertura del juicio oral en la Audiencia. El procesado se autoinculpó en el crimen de su esposa al entregarse a la Policía Nacional y confesar el homicidio.
El acusado se levantó de la siesta y, al parecer, entabló una discusión con su esposa en la cocina del domicilio familiar, donde se encontraban solos. Al parecer, el hombre se armó con un cuchillo con el que asestó varias puñaladas a la mujer, que murió a causa de las graves heridas. Cuando fue consciente de lo que había hecho, llamó a su madre para decirle que había matado a su mujer y se dispuso a ir a la Comisaría de Zamora, donde confesó el crimen y se entregó. La hija del matrimonio fue la primera en hallar el cuerpo de su madre.