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HEMEROTECA » |
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El proceso de fusión de la antigua Caja Zamora en la actual Caja España salió a la luz pública con el inicio de la Semana Santa de 1988 y se dio por concluido un sábado, 16 de junio, de 1990. Al día siguiente, los zamoranos conocían la noticia en los periódicos, cuya portada disputaba con los tres goles que Míchel le marcó a Corea en el Mundial de Italia y con el asesinato a tiros del coronel López Muñoz en Valladolid a manos de los Grapo. Zamora, en plena guerra con el ministro socialista Narcís Serra por el destino del Cuartel Viriato, perdía cosas y ganaba cosas con la nueva entidad, cuya imagen olvidaba la «Z» y se encomendaba al garabato de un toro.
Esto es, dos años para constituir la sexta entidad financiera de todo el país. El motivo de la unión, «ahorrar costes» y «ganar operatividad». Eso sí, siempre, en boca de los impulsores de la fusión, la idea fuerza de «conservar la identidad». Una nueva y difícil década comenzaba a balbucear y los retos para el país eran máximos. 1992, año mágico. Triunfo incontestable de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona.
Antes de dejar los ochenta, los responsables de la antigua Caja de Ahorros Provincial de Zamora, nacida en 1965, daban a conocer el proyecto de fusión. Era el 26 de marzo de 1988. El director de la entidad, Miguel de Unamuno, ponía, junto a sus compañeros, sus cargos «a disposición de la futura entidad». Y aunque el proyecto inicial valoraba la suma de fuerzas junto con otras cinco entidades -las cajas de León, Ávila y Palencia, y la Popular y Provincial de Valladolid-, abrían el proceso a las de Burgos y Salamanca, que, hasta la fecha, no se habían interesado en participar. De ellas, la Caja de Zamora era la tercera en recursos ajenos, con 48.000 millones de pesetas.
Días más tarde, los responsables de la entidad de la «Z» pedían a la asamblea su permiso para materializar la futura Caja de Castilla y León. Y se lo dieron por «unanimidad». Sin embargo y pese a la fría distancia de los veinte años transcurridos, Unamuno reconocía ante los suyos la dimensión del proceso que se disponían a emprender. «No nos da miedo, pero nos crea bastante preocupación la decisión que vamos a tomar».
En aquella reunión, el director compartía escaño con el presidente, Ambrosio Otero. De esa mesa salieron máximas como «que Zamora tenga la mayor representación posible» o «no perder la operatividad que tiene la provincia». Y esa «unanimidad» de pensamiento se cristalizaba en una frase que se vendía sola. «Hay que pensar que sólo estando fusionados podrán conseguirse unas ventajas palpables en todo momento».
Por entonces, se estimaba en 18 meses el tiempo necesario para hacer darle forma a la caja conjunta.
Pocos meses más hicieron falta para llegar a aquel 16 de junio de 1990. «Desaparece la Caja Zamora y nace Caja España», decía en su primera página EL CORREO DE ZAMORA. «Ha quedado constituida la nueva entidad Caja España», anunciaba LA OPINIÓN DE ZAMORA. Todo para describir el final de un proceso que desembocaba en la sexta entidad bancaria de todo el país, por delante de Caja Barcelona.
La firma Caja España arrancaba su actividad con 366 oficinas y un total de 1.774 empleados. Los directivos de Caja Zamora se trasladaban al completo a León, cuya elegante «Casa de Botines», del arquitecto catalán Antonio Gaudí, sería la sede central. El consejo de administración resultante contaría con 38 miembros, seis de ellos zamoranos y 16 de León. El resto se los repartían Caja de Ahorros Provincial de Valladolid, con seis, y las entidades de Palencia y Popular de Valladolid, con cinco.
En aquella fecha, se iniciaba el calendario de consolidación del acuerdo, que finalizaría poco más tarde con la firma de las escrituras. Por delante, un nuevo proyecto que desembocaría en una entidad nacional que hoy cuenta con 605 oficinas en todo el país.
En aquellas fechas, Miguel de Unamuno reconocía que «voy a notar un profundo cambio sentimental», el de aquel primer empleado de la Caja de Ahorros Provincial de Zamora, que en 1965 impulsó la Diputación Provincial. No obstante, el editorial de EL CORREO DE ZAMORA argumentaba que «Caja Zamora era una cosa nuestra, una hija de todos los zamoranos que, con cariño, ternura y mimos, fue creciendo entre los adultos de la banca».
Y así era a ojos de los zamoranos. Atrás quedaba la «Z» en todo lo alto del que hoy sigue siendo el edificio vanguardista de la ciudad, actualmente bajo las siglas de la Junta de Castilla y León. Pero también aquellas entrañables huchas imitando la cúpula bizantina de la Catedral, la Colegiata o la Torre del Caracol. O aquellas sesiones de cine infantiles en el Barrueco y en el Arias Gonzalo que recuerda toda una generación... Y tantas cosas más.
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