NATALIA SÁNCHEZ
«Ante un crucifijo cobra sentido nuestra cultura, porque las culturas las fundan las religiones, y donde no hay religión no hay cultura» y quienes pretende quitarlos «quieren que no se pueda llegar a los principios mediante la cadena de la razón. La educación se convierte así en una forma de adoctrinamiento». Así lo manifestó ayer el escritor Juan Manuel de Prada en el III congreso regional sobre la enseñanza de religión en la escuela.
El zamorano que disertó sobre «Una clase de religión para el siglo XXI» destacó que «la fe religiosa es un elemento constitutivo de la naturaleza humana y, por tanto, los hombres tenemos derecho a que esa fe se nos transmita y toda legislación que trate de recortar o reprimir este derecho está infringiendo uno de los principios fundamentales del hombre».
El articulista añadió que «las religiones tienen una capacidad natural para discernir entre el bien y el mal y son fundamentales en el mantenimiento de la salud de una sociedad porque alumbran la conciencia moral humana». Además, el literato galardonado con el Planeta recalcó que en la escuela «no se da la importancia que debería tener la religión». «Cuando uno no conoce bien su religión es imposible que entienda el mundo donde vive» y propuso que el profesor sea «alguien dotado de capacidad de convicción que suscite en quien lo escucha el deseo de adherirse» y añadió: «tiene que hacer cosas muy raras para que aquellos a lo que está ayudando a crecer aprendan que la fe es ser muy raros en medio en un mundo gregario y robotizado».
Con la intervención de De Prada concluyó la cita regional en la que han asistido medio millar de profesores de religión que defienden que la enseñanza religiosa sea «un derecho irrenunciable de los padres que está claramente protegido por el Derecho Constitucional» y supone «una opción y una oportunidad para la formación completa e integral de la persona». Además abogan por «un pacto por la educación» en el que tenga «cabida real todas las fuerzas implicadas» y que conlleve una revisión «en profundidad las actuales leyes educativas». Los asistentes abogan por un «diálogo "fe-cultura" como el mejor instrumento para garantizar a padres y alumnos la visión coherente e integradora de la realidad actual». A la par denunciaron «el laicismo excluyente que pretende imponer la desaparición de lo religioso en todos los ámbitos de la vida social».
«La enseñanza de la religión se ha convertido en una asignatura revolucionaria y querer acabar con ella es vulnerar un principio fundamental»