La Casa de los Gigantes, remodelada para acoger más de medio centenar de piezas y objetos personales de Baltasar Lobo, está lejos de satisfacer las expectativas de la familia del escultor. Tanto es así que sus herederos reprochan incluso «la utilización del nombre de Baltasar Lobo para captar fondos de la UE para otro fin, puesto que ese dinero que inicialmente se iba a destinar al Museo de Lobo se ha dedicado a excavar y rehabilitar un Castillo que ha quedado hermoso, eso es innegable, pero que no coincide con el deseo expreso de mi tío y de la familia». La dotación de un espacio expositivo en la Casa de los Gigantes «deja mucho que desear», apunta su sobrina, quien además pone en duda que las arcas municipales «tengan dinero para construir en un futuro lo comprometido en el proyecto», sopesa sin disimular cierto sinsabor. La miscelánea creada entre el marco medieval del Castillo y el arte contemporáneo de Lobo conjuga un resultado fruto de cuatro años de obras dirigidas por el arquitecto Francisco Somoza, un periodo en el que se han invertido 7,6 millones procedentes de fondos europeos.
En esta misma línea, la familia de Lobo exige la reunión del Patronato «a la mayor brevedad» después de que la última convocatoria tuviera lugar a finales de julio con motivo de la inauguración del Castillo.