S. ARIZAGA
La «disciplina, el sacrificio, el espíritu benemérito y la lealtad son los pilares» de la Guardia Civil, apuntó la subdelegada del Gobierno, Pilar de la Higuera, para agradecer la intensa labor de sus integrantes frente al terrorismo de ETA. «Su responsabilidad y entrega absoluta», subrayó, «son inherentes a hombres y mujeres» que sirven en esta institución y «se reflejan de forma permanente en ese combate en primera línea que mantienen en nuestro nombre frente al terrorismo que en ocasiones, por desgracia, se cobra alguna vida». De la Higuera no dudó en proclamar que «estamos ganando la batalla a los violentos porque al terrorismo se le vence desde la firmeza de las instituciones, con la unidad de quienes creemos en la democracia y en el Estado de Derecho, desde la aplicación de la Ley y desde la fortaleza y la convicción de toda la sociedad en su derrota final». La recién nombrada subdelegada en Zamora sentenció que «esta estrategia de firmeza se sustenta en la eficacia de nuestras Fuerzas de Seguridad y la cooperación internacional. Esta dura vertiente les hace a ustedes acreedores del reconocimiento» social.
Arropados por más de medio millar de personas, los guardias civiles de la Comandancia de Zamora rindieron homenaje a su patrona, la Virgen del Pilar, en el patio de las instalaciones del acuartelamiento, donde, tras los discursos, tuvo lugar el acto de imposición de medallas al Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco, que recayeron sobre el capitán Jesús Suárez Paniagua y los guardias civiles Florencio González, José Gejo, Segundo Casado, José Manuel Fernández, Santiago Hipólito Cordero, Lorenzo Tesón; el cabo primero Eusebio Marbán; y al inspector de la Policía Nacional Antonio Rodríguez. Las dos medallas al Mérito Militar con distintivo blanco fueron impuestas a Virgilio Seoane y Jesús Chimeno; mientras los guardias Atilano Rodríguez y Ramón Charneco recibieron dos placas. Tres vigilantes jurado lograron menciones honoríficas por su colaboración estrecha contra la delincuencia: José Antonio Gago, Francisco Cidón e Iván Zurro.
De entre los guardias homenajeados, resultó especialmente entrañable el obsequio conmemorativo que obtuvo un veteranísimo guardia civil, Agripino Blanco Alvarez, que a sus 99 años pudo acudir, acompañado de su hija María del Carmen, a recoger la placa. De la Higuera, fue la encargada de realizar la entrega. Nacido en 1910, se incorporó a la Guardia Civil en 1941, tras servir en el Ejército español desde 1931. A los 56 años se retiró, después de 30 de servicio, buena parte de ellos transcurridos en Pamplona. La emoción le impidió hablar con los periodistas, «está muy cansado», disculpó su hija. Visiblemente emocionado, aún tuvo fuerzas para asistir al pequeño ágape que se sirvió frente a la Comandancia, en las instalaciones de las bodegas Fariña. Antes de la reunión informal tuvo lugar el acto de homenaje a los guardias fallecidos en acto de servicio, tras sonar la marcha «La muerte no es final» y la lectura de un poema.