N. S.
Irene Escudero, vallisoletana de 34 años, profesora de Lengua y Literatura en Secundaria sufría desde hace varios años los síntomas, pero finalmente el pasado abril le diagnosticaron la enfermedad de Sensibilidad Química Múltiple y Ambiental. Pese a que la patología le condiciona mucho su vida, se desplaza acompañada de mascarillas y purificadores que costea ella misma, ayer quiso acudir a la feria «para agradecer el apoyo brindado desde la Unión de Campesinos de Castilla y León y para hablar con afectados de Zamora y Salamanca». Conversamos en el exterior de Ecocultura porque le afecta mucho los perfumes presentes en el recinto. «Sé que me va a pasar factura la presencia en la feria. Mi última visita a una me causó estar una semana en cama con vómitos», sentencia.
-Usted sufre una enfermedad que le condiciona mucho la vida. ¿Cuál es?
-Se denomina síndrome de Sensibilidad Química Múltiple y Ambiental. Es una enfermedad multisistémica con síntomas muy variados, desde problemas respiratorios, fuertes dolores musculares, problemas neurológicos... De hecho yo estoy en estudio neurológico porque en una prueba me detectaron signos leves de esclerosis múltiple. La enfermedad también daña órganos vitales como el páncreas, me causa pérdidas de memoria y problemas digestivos.
-¿Cuándo se la diagnosticaron?
-En abril, pero yo ya llevaba varios años con diversos síntomas que se iban sumando y agravando. Cada vez que iba al médico los más humildes me decían que no sabían lo que tenía y otros me decían que era todo psicosomático y me derivaban a otro especialista o a un psicólogo o a un psiquiatra. Esto nos pasa a todos los afectados porque esta enfermedad en España no está reconocida por lo que todavía la mayoría de los médicos la desconocen. A día de hoy en la formación médica no se imparte medicina ambiental y quienes la diagnostican son los internistas.
-Dice que este mal no está reconocido en España.
-No está tipificada. No tenemos cobertura sanitaria y contamos con una incomprensión total. No nos subvencionan las mascarillas, cuando las medias para las varices sí lo están. Se trata de una enfermedad emergente que afecta al cinco por ciento de la población. En Estados Unidos ya afecta a un 15 por ciento de la población provocada porque vivimos en la era del exceso de químicos. Hay más de 150.000 sustancias químicas de uso cotidiano que están todavía por analizar y que reclamamos que se evalúen y que las que sean tóxicas que se prohiban.
-¿Cómo es ahora su día a día?
-Mi calidad de vida ha disminuido e incluso he llegado a estar ingresada al tener los anticuerpos multiplicados, infecciones constantes... porque el sistema inmunológico falla. Cuando diagnostican la enfermedad te entregan tres hojas con cosas que tienes que cambiar porque te insisten en que tienes que prevenir. Tienes que ingerir comida ecológica. En tu casa tienes que sustituir muebles por cristal y metal no tratado. Los productos de higiene y cosmética tienen que ser ecológicos y no todos sirven porque se permite un tanto por ciento de química y depende del elemento, tu cuerpo lo tolera o no.
-¿Le está costando hacerse con estos productos?
-No porque por suerte hay más oferta y demanda, pero cuesta económicamente porque el agua que puedo ingerir tiene que ser mineral embotellada en cristal o he tenido que cambiar la ducha para poner un filtro especial. Son muchas variaciones para un bolsillo de una economía familiar.
-¿Cuáles son los productos que más daño le pueden hacer?
-El suavizante de la ropa o un ambientador me envenenan y son de uso cotidiano.
-Diagnosticada desde hace unos meses ahora preside un colectivo regional.
-Efectivamente y en representación de él he venido a la Ecocultura. La asociación está dirigida tanto a afectados como a personas a las que le preocupa su salud y que empatizan con lo que nos sucede. Pretendemos informar y concienciar a la población para que comience a haber una conciencia crítica y haya unos cambios de hábitos. Demandamos una terapia cubierta por el Estado y queremos apoyar a los enfermos porque esta enfermedad crea mucho aislamiento social y laboral. Valga como ejemplo que cuando mi familia viene a mi casa tiene que utilizar mis mismos productos: tiene que lavar la ropa con bicarbonato, deben utilizar un gel y champú ecológico, una crema ecológica...
-Laboralmente, ¿cómo le ha afectado?
-Soy profesora y ahora estoy de baja pero me preocupa porque he pedido que me creen un punto limpio. Solicitamos que igual que crean puntos sin barreras arquitectónicas creen lugares sin barreras químicas. Nos dan incapacidades en vez de adaptar nuestros lugares de trabajo. Es un agravio comparativo, pero es debido a que en España todavía no se reconoce el mal.
-Alude a cambios, ¿cuáles?
-No es dejar de utilizar unos productos, sino reemplazarlos por otros más naturales.
-¿Su asociación cuenta con presencia de zamoranos?
-En la asociación hay una persona nacida en Zamora, pero que reside en Valladolid. En la feria me he encontrado con dos personas afectadas, una de aquí y otra de Salamanca. Nos ha dado alegría conocernos porque como es una enfermedad de la que se sabe muy poco, quien realmente te entiende o es un gran especialista o bien otro afectado que sabe todos los síntomas que son múltiples. Una de ellas está ya diagnosticada y a otra le han dado una incapacidad laboral por asma crónica.
-El colectivo que representa ¿a cuántos socios reúne?
-Somos 35 socios en Castilla y León. Nos gustaría crecer porque formamos parte de una sociedad colectiva. El perfil de los afectados realmente es muy variado y me gustaría que las personas que tengan la enfermedad o que empaticen con nosotros y quieran hacerse socios que contacten con nosotros a través del correo electrónico asociacionsqm@gmail.com. Además, estamos haciendo una página web www.alasdemariposa-sqm.com que en breve estará en funcionamiento.