JUDIT CALVO.
Con cinco minutos de retraso, como todo lo bueno que se hace esperar, partió de la Plaza Mayor la comitiva de la patrona de Zamora, la Virgen de la Concha.
Como devota escolta, los gigantes y gigantillas y varios centenares de zamoranos y águedas de la capital y provincia que demostraron así su cariño a la imagen tomando las calles del casco antiguo y animados por la buena temperatura que acompañó durante todo el día. Las flautas y tamboriles pusieron el toque musical con la interpretación del himno de Concha durante gran parte del recorrido hasta la Catedral.
«¡Qué guapa llevan a la Virgen! preciosa, preciosa». En Zamora el carácter castizo y la devoción callada de los zamoranos no impide escuchar emocionadas demostraciones de fe entre los asistentes como esta, que dedicó a la imagen una seguidora de la patrona.
Inés Esteban, cofrade de la Virgen no se separó de ella durante toda la procesión, «vengo todos los años que puedo desde Paladinos del Valle, de donde soy natural y cada vez me gusta más. Es una Virgen preciosa y le tengo una devoción muy grande» comentaba mientras sostenía la mirada en el recorrido de la imagen.
Acompañada por el himno de España hizo la Concha su entrada a la Catedral donde unas tras otras las asociaciones de águedas, vecinos e instituciones de la ciudad le iban obsequiando con la tradicional ofrenda de flores y alimentos. La parroquia de La Natividad será la encargada de repartir esas dádivas en forma de legumbres, dulces o verduras, entre los más necesitados de la ciudad. La Catedral se llenó instantes después de fieles que asistieron a la Eucaristía oficiada por el Obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán.
Más gente se animó a devolverla de nuevo a su templo de origen, a la iglesia de San Vicente, hasta donde una larga estela de fieles seguía sus pasos. La Virgen quedó recogida en su templo, pero la fiesta en su honor continúo aún durante todo el día.
La jornada la cerró la representación del Cerco de Zamora «A vista de gigante» de Capitonis Durii en colaboración con el grupo zamorano de teatro La Tijera. Doña Urraca, el Cid, Bellido Dolfos y Arias Gonzalo, cada uno representado por su correspondiente gigante, devolvieron a la ciudad, con gran éxito, ese episodio que marcó para siempre sus designios.
Un broche histórico, con más de 200 almas como testigos, que pretende mantener el recuerdo de nuestro pasado, como lo hace también la procesión de la patrona que lleva desde el año 1291 paseando, en su festividad, por unas calles de Zamora que siempre se rinden a sus encantos.