J. H.
Lourdes, en los Pirineos fronterizos: 1858, y Bernardita Soubirous se encontró con «la Señora». Lourdes, 2009: Cinco millones de visitantes acuden «con esperanza» al santuario. Un grupo de zamoranos (eran 37), comprendidos entre 16 y 81 años, integraron la peregrinación diocesana al santuario francés. Regresaron, impregnados de aquella espiritualidad, y lo primero fue, después de descansar lo justo, reponer las fuerzas, visitar al obispo de Zamora: Para participarle esa experiencia. Una hora de conversación distendida. Por lo visto, observar la fe de muchos, que acuden a la ciudad gala, de cerca, ya es como un milagro.
El prelado escuchó y habló, preguntó y atendió. «Es algo extraordinario. Por el número de asistentes, de todas las edades, y por la piedad. Impresiona», confiesa Vitaliano Alfageme, canónigo de la Catedral, con los 80 bien cumplidos, el peregrino de mayor edad. «Visitamos», prosigue el sacerdote, «la casa de la familia de Bernardette, que había sido cárcel, y la basílica, donde se ofició una eucaristía por el grupo zamorano». En otro momento, los dos curas, Javier Fresno, párroco de Almeida, y él, concelebraron con «varios obispos de distintas nacionalidades» en la gruta. Uno de los prelados era Camilo Lorenzo, de Astorga y de las tierras sanabresas y vidrialesas. «Realizamos dos viacrucis: Uno, en la montaña; otro, en la pradera, para los enfermos o impedidos». Y el cura zamorano hace revivir algunas escenas a sus compañeros.
También a María del Pilar Blanco, feligresa de San Frontis, donde el Duero susurra a la memoria de aquel santo francés. «Ha sido una experiencia que me ha superado», relata. Regresaban igual, pero con otra fe y con otra esperanza. Y con gran alegría. Ahí ves que Dios existe». Roberto Pelayo Pérez, seminarista, el más joven del grupo, de La Hiniesta, que cursará primero de Bachillerato el próximo curso, está dispuesto a repetir la experiencia. «Cada año, aunque repetida, la impresión es nueva y no cansa. Y ésta es una opinión universal». Lo destaca Manuel Mesonero, director del Secretariado de Pastoral de la Salud de la diócesis. «Las circunstancias cambian, pero el deseo de volver se mantiene». Así, para el médico zamorano, «se acude con fe y se vuelve con la fe incrementada. Este no es un viaje turístico, sino una peregrinación».