J. M. S.
Lejos de suponer un tortuoso rito, el voluntario musulmán Anass, que dirige las sesiones de rezos en el oratorio de Zamora, asegura que «el Ramadán se agradece, porque te ayuda a sentirte mucho mejor».
—¿Cómo definiría el Ramadán?
—Es nuestro mes sagrado. Es la posibilidad del musulmán de reconciliarse con Dios. Es la oportunidad para que se le perdonen todos los pecados que haya cometido en el último año.
—¿Cuánto dura?
—Dura un mes. Se trata de treinta días de ayuno desde el amanecer hasta el anochecer. En un calendario, tenemos la hora en la que amanece y en la que se pone el sol para poder organizar las oraciones.
—¿Qué oraciones son las que pronuncian en cada sesión?
—Las oraciones son las mismas, cinco veces al día, durante todo el año. Lo que ocurre es que, en este mes, se multiplican por la noche. Después de la última oración, se celebran otras especiales, duran más que las normales.
—¿Hasta dónde llega el ayuno?
—Es total, sin comer ni beber nada. Todo lo que pase de la garganta, te puede estropear el día, aunque depende de si lo has hecho adrede o no te has dado cuenta la manera en la que se recupera el día. Si se te ha olvidado y has bebido algo, no pasa nada. Si es a propósito, son dos meses por cada día para recuperarlo.
—¿Es un gran sacrificio?¿Resulta duro sobrellevarlo?
—No lo pasas mal si sabes el motivo por el que lo haces. Se agradece mucho, la verdad. Los que lo pasan mal son aquellas personas que están enganchadas al tabaco, por ejemplo. Quien lleva una vida sana, no tiene problemas. Incluso hay gente que lo hace de manera voluntaria también el resto del año, durante uno o dos días a la semana.
—¿También se puede rezar en casa?
—Tiene más mérito acudir a la mezquita que rezar en casa, aunque es cierto que hay gente que prefiere hacerlo en su hogar.
—¿Es complicado compatibilizar la oración con el trabajo?
—No hay demasiados problemas. Quien trabaja por la mañana, acude al oratorio por la tarde y viceversa. Los vendedores ambulantes, por ejemplo, que tienen los mercadillos hasta las dos, hacen la primera oración a las seis de la mañana. Luego van al mercadillo. y pierden la siguiente, pero regresan para el resto.
—¿Es obligatorio para toda la población musulmana?
—Los niños, los enfermos, los mayores o las mujeres embarazadas no tienen la obligación de hacerlo. Se hace cuando tienes la fuerza física al cien por cien. Si te sientes mareado, puedes beber y luego recuperarte. Nunca pones en peligro tu vida.