A. P.
Con el calor sofocante que lleva haciendo estos días, los zamoranos buscan soluciones para estar frescos. La primera y la más habitual es la migración masiva hacia las piscinas que estos días están abarrotadas de gente dispuesta a pasar la tarde. Pero, todavía hay algunos que no quieren perder la tradición y cada tarde cogen sus toallas y se disponen a descansar en la playa de los Pelambres. La mayoría va a tomar el sol, pero algunos «valientes» se lanzan a nadar en el Duero.
Hace unos años la zona estaba repleta de bañistas que disfrutaban de las aguas del Duero. Hubo una época en la que la playa estaba dividida, en un lado se bañaban los hombres y en el otro las mujeres. Ahora, la zona muestra un cierto abandono de las instituciones, pero todavía quedan nostálgicos que no quieren dejar a un lado sus recuerdos y peregrinan hasta la playa que hace años, por su gran afluencia de bañistas, era conocida popularmente como «Benidorm».
«Ya no es lo que era antes. Hace unos años esto estaba lleno y daba alegría, ahora la gente ya no baja y está un poco descuidado», explica Miguel de la Peña, uno de los zamoranos que disfrutan del relax de los Pelambres. «Llevo toda la vida bajando a los Pelambres y he notado como esto ha ido perdiendo vida. Está un poco descuidado», añade. De la Peña es el presidente de la Asociación de Vecinos de La Horta y explica que desde la construcción de las piscinas la playa ya no es lo que era. «La gente ahora va a la piscina en vez de a la playa pero aquí se está muy bien. Hay una tranquilidad que no encuentras en las piscinas», afirma.
Los asiduos a la playa de los Pelambres, recuerdan con nostalgia la belleza de este paraje y afirman que desde hace unos años la decadencia se está acelerando porque las instituciones «no hacen nada para recuperar la playa». «Este año el río está mucho más bajo, pero no hay casi arena. Hace unos años recuerdo que traían camiones cargados de arena que le daban un aspecto más mediterráneo había mucho más sitio donde poder estar tirados con las toallas», comenta Miguel de la Peña.
Ahora todo ha cambiado, y jóvenes y mayores han huido a las piscinas, en busca de aguas más limpias. Pero los usuarios como De la Peña prefieren el agua natural a los productos artificiales como el cloro. «Es cierto que el agua está un poco sucia porque hay algas en descomposición, pero con una ducha después de bañarse está solucionado. Prefiero meterme aquí que en el agua de las piscinas con exceso de cloro», cuenta.
Sin embargo, algunos no coinciden con este zamorano y prefieren tomar el sol sin meterse en el agua. «Hay alguna empresa que vierte sus residuos al agua porque todos los días trae una película de grasa», explica una zamorana. «El año pasado estaban instaladas unas boyas que limitaban el espacio donde poder bañarse y las instalaciones estaban mejor cuidadas», añade otra bañista.
Antonia Cuerdo lleva visitando la playa durante muchos años, cada tarde coge sus bártulos y se tira en la toalla a disfrutar de la conversación con los vecinos. «Tenemos unos corrillos montados y bajamos todas las tardes, nunca nos aburrimos», explica la zamorana. «A media tarde tomamos algo en el bar y volvemos a descansar. Este sitio es precioso y es lo único que tenemos en Zamora por eso tenemos que cuidarlo», añade.
Atrás quedan esos días en los que los zamoranos podían elegir donde bañarse. Los Pelambres, los Tres Árboles o las «Pallas» eran los sitios preferidos de todos los bañistas. Hoy tan sólo quedan unos pocos «amantes del río» dispuestos a seguir bajando hasta la playa. Todos coinciden en algo, los Pelambres necesita una mejora considerable. «Las instalaciones tienen que arreglarse porque muchas veces están estropeados. La semana pasada un grupo de gamberros robó dos de las cinco alcachofas de ducha», declara Miguel de la Peña. El zamorano pide que el Ayuntamiento ponga a una persona que se encargue de vigilar las instalaciones. Además, considera que sería bueno que hubiese un socorrista para evitar sustos. «Es necesario que haya una persona que se encargue de abrir y cerrar los vestuarios porque muchas veces están hechos una porquería», afirma De la Peña. «Es el encargado del bar el que abre y cierra los vestuarios pero creo que sería necesario otra persona», añade.
Manuel Pérez es un zamorano que vive en Bilbao, durante el verano visita la capital y disfruta de la «calma que reina en la ciudad». Este zamorano explica que la zona ha cambiado mucho desde que comenzó a venir a Zamora. «Los últimos años vemos que hay menos gente y que todo está muy descuidado. Hay personas que bañan al perro en el río cuando hay niños dentro y que no se preocupan por cuidar el medio», cuenta Pérez indignado.
Los más pequeños ajenos a todos estos problemas disfrutan del agua y se bañan sin problemas. «Vengo muchos días, aunque también me gusta mucho la piscina pero esto es muy divertido», explica el pequeño José Antonio Ruiz. «El agua está muy caliente y me suelo meter con alguien porque todavía no sé nadar del todo», añade el niño de cinco años.
Las jóvenes parejas también aprovechan este lugar para ir a descansar y pasar el rato. Melody Iglesias cuenta que algunas tardes bajan hasta la margen izquierda del río Duero para disfrutar de la tranquilidad y pasar un buen rato en los merenderos. «Aquí se está muy bien, hay menos gente que en las piscinas y el río no está nada mal», comenta la joven. Aunque también resalta que la gran cantidad de piedras que hay en la orilla del río impiden que los zamoranos puedan bañarse tranquilos. «El agua no está muy sucia pero sí que hay muchas piedras que hacen daño», añade la zamorana antes de entrar al agua.