MANUEL HERRERA
Lorenzo Miguel Granados afronta su décimo año a la cabeza de la cofradía «Nuestra Señora de la Peña de Francia» de Zamora. Como todos los años por estas fechas, la actividad se centra en la Asociación Cultural de la cofradía, que organiza unas actividades para el barrio «Peña de Francia». Actos musicales y folclóricos coparán casi todos los actos de estas jornadas culturales. Al margen de ello, Granados viajó recientemente, junto a su junta directiva al santuario mariano de la Peña de Francia, situado en el Cavaco de Salamanca. Allí acordó con el dominico que regenta el lugar un hermanamiento con la cofradía de Ciudad Rodrigo. Este comprometido presidente espera también que algún día los jóvenes continúen con el trabajo que, tanto él como la directiva están haciendo.
—¿Qué actividades se van a realizar en las jornadas culturales de la cofradía?
—En esta XIX edición de las jornadas culturales, que comenzarán el día 28 de agosto, contaremos con la presencia el viernes de la Agrupación Musical «Voces de Laguna», el sábado de la Asociación Etnográfica «Don Sancho» y el domingo la banda de música «Maestro Nacor Blanco». Aparte de esto, ya el 8 de septiembre, se celebrará una muestra de folclore a cargo del grupo de coros y danzas «Doña Urraca».
—¿Cuál es el objetivo con el que se celebran todos estos actos?
—Al tiempo que refundamos la cofradía, creamos también una asociación cultural, que precede los actos religiosos posteriores, y le da vida cultural al barrio. El objetivo es ese, darle un empujón a la cultura de «Peña de Francia»
—¿Cómo es la respuesta de la gente ante esta iniciativa?
—Los hermanos colaboran voluntariamente en preparar las actividades, en llevar las cruces, las banderas…Todos ellos participan activamente. La respuesta del público también es magnífica.
—¿Con que medios económicos cuentan para sacar adelante estos actos?
—Tenemos apoyos desde los organismos públicos y desde empresas privadas, sobre todo de las obras sociales de algunos bancos. Aunque dada la crisis que hay, o que ellos dicen que sufren, últimamente recibimos menos apoyos. No obstante, sacamos dinero de los fondos de la asociación para completar el mismo presupuesto que años anteriores.
—¿En qué va a consistir el acto de hermanamiento que se va a producir con la cofradía de Ciudad Rodrigo?
—Yo me llevo muy bien con el dominico que lleva el santuario del Cavaco. Hacía mucho tiempo que venía planteándose la idea de un hermanamiento. Incluso, él quería venir a predicar a Zamora a nuestra ermita. Al estar solo, esto es muy difícil, y nos pidió que nuestra directiva fuese allí. Le visitamos , y acordamos una unión con la cofradía de Ciudad Rodrigo en el santuario, situado en la provincia de Salamanca.
—¿Qué planes tienen para un futuro cercano?
—La cofradía es una entidad que tiene su vida marcada. Ahora, con la fiesta, realizaremos la comida de hermandad, que hacemos todos los años. También, todos los puentes de Villalar hacemos una excursión de cuatro días. Y, en el puente del Pilar, iremos a las Edades del Hombre y a conocer La Rioja. Estas son las actividades. Luego, aparte de esto, el arreglo de diversas áreas que estan en mal estado, y que ya estamos trabajando para corregir.
—Zamora es una ciudad eminentemente semanasantera. ¿Se sienten ustedes desplazados ante las cofradías de pasión?
—No, para nada. Hay que diferenciar claramente lo que es una cofradía de Semana Santa, de Pasión, de lo que es una cofradía de gloria, como es la nuestra, que dan culto a la Virgen y a los santos. Lo cierto es que la relación es muy buena. De hecho, varios miembros de cofradías de la Semana Santa zamorana, junto a algunos políticos nos visitarán durante la celebración de nuestras fiestas.
—¿Ve a los jóvenes dispuestos a continuar con la tradición y liderando el relevo generacional de la cofradía?
—Tenemos un grupo de jóvenes, pero no es precisamente el mayor tanto por ciento de los hermanos de la cofradía. Quizás sea por el momento que vive la religión, pero el caso es que obvian un poco estas cosas. Esperemos que poco a poco, esta tendencia vaya cambiando. Los hermanos que tienen niños los apuntan cuando nacen, y esto mantiene viva la esperanza de que haya un relevo generacional. Hoy por hoy, no tenemos miedo al futuro.