T. S. / N.S. / C.G.
La asignatura pendiente de la accesibilidad se evidencia, convocatoria tras convocatoria, en los comicios electorales. Las barreras arquitectónicas no debieron impedir ayer el derecho al voto, pero sí lo dificultaron, provocando en algunos casos que las urnas tuvieran que salir, literalmente, a la calle, escoltadas por efectivos policiales. Ocurrió en el colegio «Juan XXIII», donde un hombre con discapacidad pudo así emitir su sufragio y sin bajarse del coche, aparcado a las puertas del centro. También se hizo necesario bajar urnas en el «Alejandro Casona» y en el «Obispo Nieto», donde hubo quejas por habilitarse la segunda planta con mesas electorales cuando aparentemente había aulas suficientes en el primer piso.
Ayudado de un bastón y con grandes problemas de movilidad, Erasmo Silva, de 75 años, hizo ayer un esfuerzo como ciudadano. «Hay que ir a votar siempre que se pueda, ni me he planteado el voto por correo». Margarita Gago, de 83 años, no se apoquinó cuando le tocó ir a casa a por el DNI y volver a subir con su bastón las escaleras del colegio «Obispo Nieto». En el colegio «Gonzalo de Berceo» dos apoderados de partidos políticos y un agente municipal elevaron a un hombre en silla de ruedas para poder acceder al colegio electoral, a falta de una simple rampa.
Dificultades también las tuvo inicialmente una joven que se había cambiado los apellidos y no encontraba su nombre en el censo electoral, lo que a punto estuvo de impedirle votar, aunque al final prevaleciera la coincidencia con el número del carné de identidad, junto con la foto por la que se pudo comprobar que se trataba de la misma persona. Votó. La anécdota es una de tantas de las que dejaron ayer las elecciones europeas en los colegios de la capital, en una jornada tranquila y sin incidencias de importancia en la que si hubo algo destacable fue la elevada abstención. A la una de la tarde, apenas el 18% de los electores de una mesa del colegio «Arias Gonzalo» habían depositado en la urna la papeleta. Gerardo y Juan Aliste, padre e hijo, hablaban a esa hora de lo insólito de que ambos compartieran mesa electoral, el primero como presidente, como vocal el segundo. La casualidad quiso que así fuera, más si cabe cuando el progenitor iba en principio como segundo suplente y no parecía probable que le tocara ser presidente. Por suplentes estuvo formada al completo una mesa del «Jacinto Benavente». El marido de una de sus integrantes, también reserva, a punto estuvo de corresponderle idéntica misión. «¿Qué hubiera hecho, entonces, con nuestro bebé de nueve meses?», comentaba el joven padre.
Todas las mesas electorales de la provincia abrieron sus puertas con normalidad, informó la subdelegada del Gobierno, Josefa Chicote. En algunas de ellas se tuvo que recurrir incluso a segundos suplentes, si bien estas incidencias se resolvieron antes de las nueve de la mañana, hora de apertura.
Las fotocopias del DNI no están permitidas, pero resulta curioso que un buen número de electores, sobre todo de avanzada edad, se piense lo contrario. Varios intentaron ayer votar mostrando simplemente copias o documentos no válidos. Como una nonagenaria que, tras indicársele que no valía con presentar una fotocopia del carné de identidad, por buena calidad que tuviera, regresó con otra fotocopia distinta. En el instituto «Claudio Moyano» hasta hubo quien quiso acreditar su identidad con una cartilla de Caja España. También las tarjetas de la Seguridad Social se intentaron «colar», sin éxito, como documentos identificativos. Aunque hay quien prácticamente consiguió «colarse». En el «Angel Nieto», un hombre emitió su voto en una mesa que no le correspondía. Informada la Junta Electoral Central se quedó en anotar el hecho en las incidencias.
Además está el despiste de no recordar ni el nombre de la calle de residencia. Fue el caso de una mujer mayor que sólo decía vivir «encima del "Burguer King"». Pero las distracciones no son exclusivas de la tercera edad. Un lapsus tuvo el mismo Fernando Martínez Maíllo, el presidente de la Diputación Provincial y del Partido Popular, cuando, acompañado del senador del PP Antonio Vázquez y casi en el mismo momento de votar, se percató de que su sobre no contenía papeleta alguna, aunque enseguida se apresuró a coger una.
Quejas hubo en el colegio electoral «Río Duero», por los rodeos que tuvieron que dar los votantes a raíz de las obras en ese centro. Y risas, en un colegio del Casco Antiguo, cada vez que en una mesa sus integrantes acertaban en sus «porras» la edad de los votantes. Y aplausos, como los que protagonizaron dos jóvenes de 18 años tras votar por primera vez en su vida.