J. H.
"Viajante en la tormenta" nos dice, desde la propia trama, que en algún momento, cuando sea, así que pasen los días, o los años, disfrutaremos con una nueva novela. Con ése o con otro título. Como sucedió con "Calle Feria". La antología "Trentacuentos", de la editorial Casabierta (Mallorca), publica tal relato largo de Tomás Sánchez Santiago. Es uno de los 35 seleccionados, con voces españolas e hispanoamericanas. Y se trata de letra viva.
¿Y si "Viajante…" ya fuese un capítulo de una novela? No habría que descartar tal hipótesis. O posibilidad. Y los lectores tendrían motivos para la dicha. Aparecen en la historia personajes como "el señor Prósper", viajero textil, y comerciantes de la calle Feria (Mahahem el de la droguería, y Montesol el sastre, y el cristalero…). Reluce la descripción con el engastado diálogo, la convivencia de la metáfora con el coloquialismo, la ironía suave que no busca nada especial (lo especial está en la media voz) y el tono. Una historia de identidades: lo que son y lo que se aparenta, lo que son y lo que se anhela ser. Cuando se viste con ropa de diario y cuando se prueba la que otro se enfundará.
La narrativa de Sánchez Santiago tiene algo de fronteriza: hay descripción, simbología, crónica, palabra lírica no gastada, fábula… Existe una imbricación de géneros. Hay algo "borgiano" –de ese concepto– construido con elementos que no son "borgianos". Y aparece una sabia elección de las palabras. Todas están ahí: en el habla, en la memoria, en el diccionario. Con el zamorano, sin embargo, relucen como nuevas. Puede trascender desde lo más humilde: la vida que está en la calle, que no se esconde.