JESÚS HERNÁNDEZ.
Lo primero es la línea. "Verla". Desde ahí arranca el buen trazo. Y eso se percibe en la obra de Nono García. El murciano presenta 30 obras en la galería "Espacio 36", en técnica mixta sobre óleo. Y recoge la vida en soledad.
- ¿Qué tiene el románico zamorano, esa arquitectura de piedra y fe pétrea, para que usted le dedique tanta atención?
- El románico, en general, es una arquitectura que me atrae. Me interesan mucho los rincones urbanos, las puertas, los arcos. Vine a Zamora, y me cautivó el románico. Y, entonces, decidí pintarlo.
- ¿Los siglos purifican o desvirtúan el arte, el patrimonio?
- El tiempo purifica. Y, además, ayuda a que se valore. Porque, rodeado de otra arquitectura muy posterior, destaca más que en otras épocas. Incluso que en el tiempo de su creación. Me gusta contemplar los contrastes entre la arquitectura antigua y la moderna.
- La huella del pasado, que tanto interesa, no siempre es benévola.
- Es cierto. Resulta bella, pero hay un poco de todo. La sociedad conserva y destruye.
- ¿La mella del tiempo es bella?
- Sí. La iglesia de Santa María de la Horta presenta algunas zonas de desgaste. Y, para mí, las más erosionadas por el viento y por la lluvia son las de mayor atractivo. Me parece muy bella esa erosión. Y tal cosa te hace pensar en los siglos que lleva en pie.
- Los cielos. Artísticamente, está muy pendiente de ellos. Los cuida mucho. ¿Cuál es esa belleza?
- El cielo se complementa muy bien, en el cuadro, con la piedra, la roca, la arquitectura. Es como lo etéreo y lo firme. Y es algo que me atrae, que me gusta. En mi tierra murciana, la luz tiene algo especial, y me fijo mucho en el cielo, con sus cambios. Por eso me apetece pintar esos cielos. De ahí viene.
- ¿Lo suyo es Realismo Nostálgico? ¿Y eso qué es: Evocación del pasado?
- El realismo es la pintura que me atrae. Desde siempre. Mis influencias son ésas, aunque no se trate de hiperrealismo. Nostálgico? Quienes observan mis cuadros siempre me comentan lo mismo: las obras les sugieren nostalgia, les traen recuerdos? Y, ciertamente, yo soy una persona con ese carácter. Vivo el presente, pero me gusta evocar ciertos tiempos, lo sueños? Siempre me he sentido muy identificado con ella.
- ¿El realismo hay que mirarlo con realismo?
- Me interesa todo tipo de pintura. Sin embargo, me apetece dejar que la gente termine el cuadro. Y me gusta verlo, sobre todo, pintado por otros compañeros. El realismo debe contemplarse con los mismos ojos que cualquier otra pintura.
- Es "ese estilo que nunca está de moda, pero siempre bate récords". ¿Usted ama el realismo sobre todas las cosas?
- Sí. En mis inicios, trabajé otro tipo de pintura, más expresionista. Muy distinta a la actual. El realismo es lo que me llega más intensamente. Lo dije cuando un cuadro de Antonio López, aquel "Madrid de Torres Blancas", batió el "récord" de precio. Es un estilo que nunca está de moda. No se apoya en nada. Fue, y es, una reivindicación.
- Vasos, cubiertos? En esas series, ¿juegan los objetos, que parecen flotar en el aire, y el vacío?
- Juego con las transparencias. Ese es un trabajo que comencé a raíz de un curso que realizamos en la Universidad de Murcia. El asunto elegido era el agua. Cada pintor hacía su trabajo relativo a ese líquido. Yo nunca había pintado "marinas". Sí he recogido paisajes con ríos. No me apetecía realizar una obra sobre eso, sino jugar con algo más presente, más cotidiano, como vasos vacíos, vasos llenos, transparencias, fondos? Para mí, resulta más importante el fondo que doy al cuadro que el vaso. Este se presenta en dos líneas. Es el fondo lo que hace transparente al vaso.
- El proceso creativo: ¿rápido al principio, lento al final?
- Comienzo de forma casi abstracta. Inicio los fondos con la espátula, y dejo caer las manchas donde sea. De manera casual. Posteriormente, doy unas manchas, que insinúan por dónde van a ir los trazos. Estos también son abstractos. Y finalizo por el detalle. El final, sí, resulta más lento, con mayor paciencia. Disfruto más al principio.
- El escritor tiene un estilo y el pintor tiene una estética, que se va haciendo con el paso de los días. ¿Porque se despoja de influencias o porque se apropia de sugerencias?
- Creo que es la suma de todo eso. Yo he sido, también, una esponja, y tengo influencia de muchos pintores. No es de los clásicos, sino de los que me rodean: amigos, compañeros. Y he cogido lo que más me interesa de cada uno. La experiencia de la vida y los gustos te hace elegir un camino u otro.
- ¿Le estorba la figura humana en la pintura?
- Hasta estos momentos, sí. Cierto. No la pinto. Y es porque yo expreso mejor la nostalgia en paisajes solitarios. No me interesa, de momento, meter la figura humana en mi paisaje. Considero que estorbaría lo que deseo expresar, pero no descarto hacer tal cosa en el futuro. La vida de un pintor es larga.
- La "Cúpula" de Barceló daría para crear varios museos. ¿Eso, recaudado el dinero de donde se recaudó, no es obsceno?
- Me gusta esa "Cúpula". Para valorarla bien, deberíamos situarnos debajo y mirar hacia arriba, y contemplarla de verdad. El coste daría para otra discusión. Como obra de arte, hemos de valorarla al natural. Debe ser impresionante.
- ¿El que busca la perfección muere en el intento?
- Quizá. El artista que vea perfecto su cuadro, al terminar la obra, puede dejar de pintar. Perdería la ilusión. En mi caso, me mueve el hecho de buscar más allá. Yo nunca he visto un cuadro perfecto. Siempre percibo que puedo ir más allá, o hacerlo mejor. Y eso es lo que nos mueve. La consecución del cuadro perfecto significaría la muerte de mis ilusiones. Me aburriría.
- La vida: ¿pincelada limpia o manchón?
- Es una mezcla de todo. Como la pintura. A veces, incluso la mancha es bonita. En ocasiones, las casualidades son las mejores.