SUSANA ARIZAGA.
Cumplirá ocho años de prisión por robos en viviendas. Su método era bien sencillo y, al parecer, nada inusual: Realizó copias de las llaves de los pisos en construcción en los que estuvo trabajando en la instalación eléctrica. Con las puertas abiertas de par en par, lo demás fue coser y cantar, "trabajó" a fondo y a sus anchas.
Desvalijó cinco viviendas habitadas, aunque no se conformaba con cualquier cosa, se llevaba los objetos que podían tener un valor más elevado al objeto de conseguir la mayor cantidad de dinero posible en el mercado negro. De otros tantos pisos, aún por vender, se llevó los cuadros eléctricos con los que posteriormente comerciaría. Los hechos sucedieron entre finales del año 2007 y primeros de 2008.
Pero sus planes no llegaron a buen puerto. Quizás se confió demasiado y la avaricia terminó por romper el saco. No era la primera vez que delinquía y precisamente "su historial", recogido en los archivos de la Policía Nacional, fue determinante para localizarle y arrestarle.
Ahora se enfrenta al cumplimiento de seis años de cárcel por los robos cometidos en diversos pisos recién habitados; y a otros dos años de reclusión por sustraer dinero y material del taller de electricidad en el que estuvo empleado, y por llevarse también dinero y un ordenador en el asalto a una frutería. Ayer evitó un juicio previsto para celebrarse en dos días por los numerosos testigos que habían sido citados, muchos de ellos damnificados por las actividades ilícitas del procesado.
El acuerdo con la fiscal le permitió ahorrarse un año de cárcel por robo continuado en casa habitada. Llegó desde la macroprisión de Topas, donde permanece desde hace más de un año, tras ser detenido a principios del año 2008, tratando de ocultar su rostro tras una capucha, como se estila entre los más "populares" personajes que salen cada día en los telediarios acusados de las mayores tropelías.
Entró en la sala de la Audiencia Provincial para escuchar las penas de cárcel que solicitaba el Ministerio Fiscal y con las que estuvo de acuerdo su abogado. En su escrito de acusación la fiscal relató cómo aprovechó su libre disposición de las llaves que abrían los pisos en construcción en la calle de Cabañales, en los que realizó la instalación eléctrica, contratado por una empresa local, para conseguir copias que usaría con posterioridad, una vez ocupadas ya las casas por sus dueños, para entrar y sustraer en varias viviendas electrodomésticos, joyas, una cámara digital, un móvil... De las aún por vender, extrajo los elementos eléctricos recién colocados.
Cuando fue despedido de la empresa para la que trabajaba, entró en el taller y sustrajo dinero y material eléctrico. Antes de ser detenido por la Policía tendría tiempo de robar en una frutería de la capital, de la que se llevó también dinero y un ordenador.