F. P.
En la tarde de ayer los toros tuvieron que aprender francés. Quienes se pusieron enfrente del bravo encierro de Miranda de Pericalvo supieron sacarle todo el partido y curiosamente el que más firme estuvo fue el novillero Román Pérez, que por cierto hoy hará su paseíllo en Las Ventas y que por lo visto, está preparado para esa alternativa en tierras francesas para final de temporada. Román estuvo toda la tarde muy torero, llevando la embestida del novillo con mucho temple, hasta hacer que el novillo, que al principio diera muestras de flojedad, se recuperara y ayudara al lucimiento. Bellísimas fueron las series con la mano izquierda, la muleta baja, el compás abierto, lentitud y templanza en series no muy largas pero que hicieron que el público rompiera en olés clamorosos.
El resto de la faena lo empleó en torear en redondos por detrás y en adornos pintureros. Tras un pinchazo cobró una extraordinaria estocada que hizo rodar al novillo. El público le premió con las dos orejas.
El otro francés, el matador Juan Bautista, cortó también dos orejas a un toro mucho más complicado y al que supo entender muy bien. Tuvo que probar mucho con la derecha ya que con la izquierda el toro nunca quiso pasar desde los primeros lances con la capa. En las series cortas, el primer pase lo aceptaba pero, a partir del segundo, protestaba y tenía que estar muy firme.
Al final de la faena, logró una serie más profunda y cuajada y remató con una estocada entera que le sirvió para el triunfo.
"El Fundi", que abría plaza, estuvo muy torero siempre, tanto en su toreo de capa como en los pares de banderillas que puso sin demasiados agobios. Le costó un poco de trabajo acoplarse a la embestida del toro, sobre todo por el lado izquierdo. El novillo acortaba la embestida y le costaba pasar. Como siempre, estuvo certero con la espada, recetando una magnífica estocada hasta la bola, lo que le sirvió para cortar la primera oreja de la tarde.
El zamorano -madrileño Sergio Marín no tuvo suerte en el sorteo, a pesar de venir con muchas ganas, como se vio de manifiesto en las dos largas de rodillas con las que recibió a su novillo. Brindó su trasteo a Miguel Rojo, el presidente de ARZA, y a pesar de las ganas y la ilusión, el toro apenas se desplazaba y no le dejaba lucirse. Cuando probó a perder un paso y dar los muletazos de uno en uno fue cuando logró los momentos de mayor brillantez. Tras un pinchazo cobró una buena estocada y el público premió su voluntad con una oreja.
El madrileño César Jiménez estuvo muy torero en el toro más cuajado de todo el encierro, un cinqueño castaño que tuvo mucha clase por el pitón izquierdo y con el que inició el trasteo con dos pases cambiados por la espalda desde el mismo centro del platillo, que caldearon el ambiente para rápidamente tomar la muleta en la mano izquierda e ir desgranando diversas series con gran templanza. El toro seguía la muleta humillando y con mucha clase. Bajó mucho la intensidad de su toreo cuando se echó la muleta a la mano derecha, por lo que volvió al toreo al natural y adornos de rodillas antes de entrar a matar. El madrileño, que es un consumado matador, sin embargo no tuvo suerte puesto que perdió los trofeos al entrar tres veces a matar antes de cobrar una buena estocada. El público premió su actuación con una gran ovación, que el torero recogió desde el tercio.
David Luguillano, que reaparecía después de una operación en su brazo derecho, que le ha tenido prácticamente inactivo la temporada pasada, salió con mucha ilusión toreando a la verónica cerrando la serie con media, pasándose el novillo a lo largo de la cadera. Lo llevó al caballo galleando por chicuelinas. Realizó un quite con dos verónicas y otra media muy buenas.
Su trasteo lo inició con varios muletazos por bajo en ayudados marca de la casa. Continuó con varias series con la mano izquierda, que tuvo que realizarlas en el tercio porque el aire en ese momento de la tarde soplaba con intensidad. El novillo fue aprendiendo y le avisó dos veces antes de colarse y propinarle al torero vallisoletano un terrible porrazo contra el suelo y rebozándole de sangre la cara y la camisa. Se levantó con gestos ostensibles de dolor y quiso continuar con molinetes y otras dos series tanto por la derecha como por la izquierda. A pesar de estar visiblemente dolorido de la clavícula quiso matar aunque su compañero "El Fundi" se brindó a hacerlo por él. En gesto torero Luguillano quiso ser él el que terminara con su oponente, lo que le costó diversos viajes. Finalmente, se retiró a la enfermería y no pudo recoger la ovación que el público le brindó.