La voluntad mueve montañas

El montañero zamorano José García Romo supera un cáncer de riñón y continúa con su mayor afición «mirando la vida con ojos optimistas»

 
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José García porta la bandera de la Asociación Contra el Cáncer
José García porta la bandera de la Asociación Contra el Cáncer 

LUCÍA MATEOS. Nunca se olvida de colocar en su mochila la pequeña Virgen Milagrosa de su madre, el mismo par de calcetines viejos y una admirable fuerza de voluntad. Sabe cómo disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y sus ojos reflejan el optimismo de su alma. Es un hombre "enamorado de las montañas".
Desde que era pequeño, José García Romo jugaba con su hermana a escalar los cerros que se encontraban cerca de El Piñero. Años más tarde, estudió Geológicas y aún le queda un año para terminar, pero su mundo ha sido siempre el de la montaña. Los Alpes le han servido para comenzar sus expediciones, sin embargo, en 2003, decidió hacerse un regalo y viajar hasta el Kyrgyzstan, pasando de escalar montañas de 4.000 metros a las de 7.000. «El primer año todo fue sobre ruedas, pero cuando bajé de allí lo hice con nueve kilos menos y lo pasé bastante mal porque notaba que me dolía un costado. Cuando llegué a España y me examinaron, los médicos dijeron que tenía un cólico nefrítico», explica García.
Enamorado de este país, este aventurero decidió volver en 2005, pero le sucedió lo mismo que en el anterior viaje, no le diagnosticaron el verdadero problema y se puso mucho peor. Su primo, médico de un hospital de Madrid, detectó lo que ocurría. «Sabía que tenía algo malo en el riñón, me lo extirparon y hasta después de la operación no me enteré de que era cáncer. Pasé una noche muy mala, pero a partir de ese momento me olvidé de todo», explica José García.
El año pasado y tras 6 meses sin poder trabajar ni hacer ningún tipo de excesos, José se fue de nuevo a Los Alpes, pero antes de hacerlo escribió a la Asociación Española contra el Cáncer y les pidió una bandera ya que iba a intentar subir hasta la cumbre. La asociación respondió a su propuesta sin problema y allí acudió con un grupo de 16 amigos de diferentes puntos de España para probar. Consiguieron subir una montaña de 4.000 metros y eso le ha dado pie para preparar este año un viaje al primer sitio donde empezó a notar aquellos síntomas de Cáncer, en el Kyrgyzstan.
Muchos apoyos
En este último viaje ha recibido mucho más apoyo, sobre todo de la Asociación Contra el Cáncer que se ha implicado con su labor y García, a partir de lo que le sucedió, acude también a estos lugares en representación de la Fundación Ana Valdivia que trabaja con niños afectados por parálisis cerebral.
La montaña para José significa "saber sufrir", pero hacerlo de forma lúdica y entretenida, sin embargo este montañero explica que «cuando uno se mete en montañas grandes, a lo que va es a sufrir, por lo que durante estos trayectos, lo importante para superar ese sufrimiento es la lucha y la superación». Él confiesa que llegar a la cima es interesante pero que «si no se puede, no importa, lo bonito es la experiencia y el viaje hasta llegar allí».
Para este montañero, su experiencia comienza desde el momento en que se encuentra en casa preparando la maleta, e incluso antes. Asimismo, las amistades que hace con gente que comparte su misma afición se refuerzan mucho en la montaña. «Al haber estado sufriendo y pasándolo mal, se crean unos vínculos muy fuertes con la gente que te acompaña», confiesa.
Buscando en internet, José García encontró un japonés que con 73 años tenía cáncer, realizaba expediciones y también subía montañas. Este aventurero se quedó con una de sus frases: «superar el cáncer es como superar una montaña»; y fue a raíz de esa frase cuando García se dio cuenta de que tenía que seguir adelante.
La primera razón por la que este montañero se enamoró de Kyrgyzstan fue porque sus montañas son más altas que las que se encuentran en Europa; y la segunda, debido a que es un país que no está explotado y apenas hay turismo. García cuenta que «por allí se puede realizar un Trekking de 15 días y no encontrarse a nadie. No está maleado y aún hay mucha montaña sin subir esperando por alguno de nosotros».
Uno de los proyectos que tiene planeado para el año que viene es acudir al Everest y esta idea le motiva especialmente porque piensa realizar un documental para los hospitales en las áreas oncológicas. «Si no se puede llegar hasta arriba no pasa nada».
Cuando una persona se encuentra en este tipo de expediciones, en la mayoría de los casos confiesa que «no quiere regresar» porque los momentos por los que se pasan son «realmente duros», pero los ojos de García no mienten cuando expresa su sentimiento: «No sé que tiene la montaña que cuando estás en la ciudad necesitas volver. Además, allí te da mucho tiempo para pensar ya que, después de 21 días subiendo y bajando, no puedes hablar con la gente que tienes al lado porque el aire es necesario ahí arriba».
Las reflexiones de este montañero no son en vano. Después de todo este tiempo se ha dado cuenta de que quiere ser padre y era una idea que, hasta este momento de su vida, tenía descartado cumplir.
Cada seis meses, José García acude a las revisiones y el médico le explica que «la montaña va a ponerle en su lugar». «Hay veces que cuando uno está arriba y está sufriendo decide dar un paso más para poder superarse, pero en mi caso, ahora me lo pienso», cuenta emocionado el escalador.
García ha tenido que estar presente en momentos muy complicados durante sus expediciones. Este año ha sido duro, porque en la primera montaña que subieron hubo un accidente en 2004 y murieron once personas. Este año encontraron el cadáver de una de las chicas que habían desaparecido, los compañeros hicieron foto para identificar el cadáver y su familia pudo tener noticias de ella.
No hace falta ser un gran observador para darse cuenta de cual es su gran afición, pero también le encanta leer y actualmente está estudiando ruso para acudir al Kyrgyzstan y hablar con sus habitantes. Además, volar en parapente es una de sus pasiones. Si el año que viene acuden al Everest, este aventurero tiene pensado bajar en parapente desde algún lugar estratégico.
García confiesa que «de hacer montañismo no te retiras nunca». Su amigo madrileño, Carlos Soria, con 66 años quiere realizar la ruta de los catorce 8.000. «Es genial que en expediciones como estas te encuentres a gente como él con esas ganas de continuar sin importar la edad que se tenga», confiesa.
El ánimo influye mucho a la hora de superar estas enfermedades. «No importa que te digan "estas muy malo y te vas a morir en una semana", porque esa semana hay que aprovecharla al máximo, no puedes recluirte en un caparazón y decir que ya no se quiere hacer nada. A mi tío le detectaron cáncer y murió de tristeza. No merece la pena aferrarse a los problemas, porque la vida tiene cosas lo suficientemente bonitas como para refugiarse y pasar de ellas».

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