C. G.
La batalla judicial emprendida por las afectadas del medicamento para la menopausia denominado Agreal y que produjo serios problemas de salud a miles de pacientes de todo el mundo, está resultando, como se preveía bastante complicada. Fernando Osuna, un abogado sevillano que lleva varios casos de afectadas en Zamora, explica cómo la primera sentencia en España, del Juzgado número 12 de Barcelona, declaró que el Agreal es un producto defectuoso y deficiente que produce efectos extrapiramidales, como temblores, movimientos involuntarios, discinesias o parkinson y que causa adicción o dependencia. Eran 18 las afectadas en esta causa y en tres casos las demandas fueron estimadas por el juzgado y en 15 rechazados. La diferente cualificación de los peritos del laboratorio, auténticos expertos en la materia, y los que llevaban las demandantes, médicos de cabecera, ha sido uno de los factores clave a la hora de entender el rechazo de las demandas, junto con el hecho de que «muchos centros sanitarios y médicos no han querido colaborar en facilitar a las afectadas sus historiales e informes médicos por temor a que pudieran tener complicaciones con la Justicia. En ocasiones ha habido que recurrir a requerimientos escritos para que los médicos facilitasen historias médicas.
Tras la sentencia favorable a estas tres afectadas, aún en fase de recurso ante el Tribunal Supremo, otros procesos judiciales están en curso, demandas colectivas de cinco, 127, 90 y 70 personas respectivamente. En los tres primeros casos ya hay sentencias, desfavorables en todos los casos a las demandantes. Según Osuna, «los jueces no han entrado en el fondo del asunto». No obstante, los abogados, a través de éste y otros gabinetes que prestan asesoramiento jurídico a las afectadas en todo el país, creen que sí se puede conseguir algo, al menos indemnizaciones que como media alcanzarían los 60.000 euros.
Afectada en juicio
Una de las zamoranas perjudicada por la ingesta del Agreal de la provincia que ha emprendidoacciones judiciales es María Visitación Prieto de Luz. Está a la espera de una valoración de su caso por parte de un perito de Madrid, después de que los resultados del gabinete de médicos de Málaga donde remitió su expediente en un principio le fallara estrepitosamente. «Para hacer el peritaje estos de Málaga me llevan engañando dos años no me mandan los papeles y he tenido que recurrir al abogado para que, la última vez, prometieran que los enviarían» .
Visitación relata cómo durante unas vacaciones que disfrutaba con su marido en la costa «estaba muy mala, con unos sofocos grandes». Tan mal se sentía que decidió acudir al médico en su lugar de vacaciones «y me dio el Agreal, porque, me dijo, no tiene hormonas ni nada, lo tomas veinte días y descansas diez». De regreso a su domicilio habitual, en Coreses, tuvo que acudir de nuevo al médico porque «estaba muy nerviosa». Eran los efectos del medicamento, aunque por entonces nadie lo sabía: «Sólo hacía que apiñar la boca, estuve tres años tirada en el sofá, sin ganas de nada. Trabajaba de cocinera en un restaurante y tuve que dejarlo por imposible». El calvario se prolongó durante años:«tengo unos dolores en las manos horrorosos, fui al traumatólogo, me trataron con corrientes y no me veían nada. Necesitaba pastillas para dormir. De ser una persona trabajadora pasé a quedarme echa un guiñapo. Llevo en tratamiento psiquiátrico cuatro años estoy mejor aunque, tengo bajones».
El dolor de las manos es una de las secuelas que aún continúa padeciendo como consecuencia de un medicamento que «me creaba adicción. Cuando tenía que descansar diez días después del periodo de veinte tomando las pastilla, es como si se me cayera el mundo». No sospechaba, claro, que todo pudiera deberse al medicamento: «Estaba siempre con los dientes apretados se me candaba la boca, hasta que las dejé de tomar». Visitación fue una de las personas que «cuando se dio en saber en televisión» empezaron a comprender todo, encontraron explicación a un padecimiento que les había cambiado la vida sin saber por qué. «He estado tres años fatal hasta que fui al psiquiatra», reconoce esta paciente, que no se explica por qué el prospecto de la medicina editado en español «no ponía nada de los efectos secundarios», mientras que «en Francia y Alemania sí lo ponían».
«No voy a juicio por dinero, sino para que no le pase esto a nadie más»
La motivación que lleva a Visitación a ir a juicio contra el laboratorio fabricante no es la indemnización económica. «Es para lo que mí me había ocurrido no le ocurriera a nadie más». Reconoce que ha sufrido mucho, pero que no es, ni mucho menos, de las peor paradas como consecuencia del consumo de esta fármaco. «Fuimos a una reunión a Alcalá de Henares y las hay peor que yo. Pero lo que yo pasé no se lo deseo a nadie. Había gente con las manos temblonas. A mi me duelen muchísimo, y es como si las tuviera dormidas».
Tras la mala experiencia con el gabinete de Málaga que tenía que redactar su informe, Visitación confía en que los nuevos de Madrid le aporten la base con la que presentarse ante un tribunal a pedir responsabilidades. «El peritaje en Madrid es muy bueno, y sólo te cobran si ganas, mientras que los otros te cobraban por adelantado. Ir al médico la primera visita te costaba cien euros y les dije que no, que fueran a robar a un camino». Esta especie de batalla de David contra Goliat no va a ser fácil. En alguna de las sentencias dictadas en contra de las demandantes, el juzgado entiende que el medicamento Agreal no es defectuoso desde el punto de vista legal. El tribunal entendía que los médicos y farmacéuticos deberían saber los efectos que producía, entre los que no figura el de adicción y tampoco está demostrado que las patologías que relatan las pacientes estén causadas por el mismo, aunque sí podía «enmascararlas».