18 de abril de 2017
18.04.2017
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francisco g. orejas | Periodista y escritor, publica "El calcetín de Hegel"

"La tiranía de los 140 caracteres puede dañar a la literatura y al periodismo"

"Por lo que veo en los escaparates de las librerías, hay un retorno a la novela histórica: en el siglo XXI la gente vuelve a las Cruzadas"

18.04.2017 | 00:11
Francisco G. Orejas.

"El calcetín de Hegel" (Ediciones Trabe) es el título con el que el periodista y escritor Francisco G. Orejas , director de producción y explotación de televisión, vuelve a publicar después de tres décadas sin dar a la imprenta un texto literario. Se trata de un volumen inclasificable, donde se mezclan todos los géneros: ficciones y realidades, cuentos, diarios, memorias y falsas memorias. Plagado de referencias literarias, "El calcetín de Hegel" es el libro escrito por un lector voraz que rezuma una fina ironía. El propio autor admite que es un libro indefinible. Eso sí, atrapa al lector y da para alguna risa.

-Una obra miscelánea. ¿Por qué eligió el titulo de este cuento sobre el calcetín de Hegel para nombrar el libro?

-Es un juego literario. He notado que puede introducir un elemento de desconcierto más. A mí me gusta jugar con el lenguaje, jugar con la literatura. La literatura es juego. Hay un clásico de Torrente Ballester que habla del "Quijote" como juego. No trato de establecer ningún tipo de comparación, pero Cervantes jugaba con sus personajes, jugaba con las construcciones literarias de la época, con la tradición literaria. Ya he visto en una librería que han colocado "El calcetín de Hegel" en la sección de Filosofía. Y sospecho que eso va a pasar más. Uno de los textos incluidos en el libro se llama "Títulos equívocos" porque en la historia de la literatura hay montones de ellos. Lees, por ejemplo, "El jinete polaco" pero resulta que no es un tratado de equitación ni trata de cómo montaba a caballo, en el caso de que lo hiciera, Karol Wojtyla.

-En su libro no se distingue qué es ficción y qué realidad.

-Esa es otra parte del juego. Pero, como cuento en el libro, puedo asegurarle que durante un tiempo fui Emil Cioran y que ocurrió lo que ahí se cuenta. Y también es cierto que le robé un poema a Ángel González en París en 1976.

-¿Y qué me dice de esa invención del hórreo que usted se saca de la manga?

-Eso es un disparate absoluto. Pero existe ese tratado al que me refiero. (En uno de los cuentos del libro se cita la obra del jesuita Luis Alfonso de Carvallo, que atribuye a Noé la idea de un granero sobre pegollos por si viene otro Diluvio). Existe ese libro. Algunos de los primeros lectores creyeron que era una absoluta invención mía y eso es lo que me parece divertido.

-¿Por qué tanto tiempo sin publicar un texto literario?

-Escribo por impulsos. Cuando hay una historia que me apetece y me parece divertida la pergeño y la redacto. Hace unos años, cuando empecé, era muy sencillo publicar. Ahora cada vez es más difícil. El tipo de literatura que se consume hoy de modo habitual en muchos casos es lo que yo denomino literatura de consumo. Es un tipo de literatura y escritura que a mí no me interesa. No me interesa ni la novela histórica, ni la novela romántica, tampoco la literatura realista convencional. Creo estar al margen del gusto literario del momento. No me dedico profesionalmente a la literatura de creación.

-¿Qué literatura le interesa entonces?

-Leo cosas que van más allá de la estructura lineal de un relato que se limite a contarme una historia de una forma ordenada. La novela clásica de Balzac o Flaubert se ha agotado.

-¿Y sigue teniendo futuro la novela en la era digital de los textos con mil enlaces?

-Creo que la literatura sigue teniendo sentido. Pero no sé si con la tiranía de estos 140 caracteres llegaremos a afectar seriamente a la literatura y al periodismo. Al periodismo tal y como lo concebimos. Las nuevas generaciones conciben la información de una manera completamente distinta a lo que es la información en el sentido objetivo, contrastada, reposada; la información que proporciona también análisis. Hoy consumen noticias muy rápidas, muy breves, sin ningún tipo de contraste, y se cuelan unos bulos...

-Decía antes que no tiene sentido repetir la novela del siglo XIX, pero tampoco imitar a Joyce. ¿Cuál es el camino para los escritores de hoy?

-Pues si me fiase por lo que veo en los escaparates de las librerías diría que hay una vuelta a la novela histórica con elementos esotéricos, con cosas que tienen que ver con lo mágico, lo maravilloso; historias medievales preñadas de acontecimientos extravagantes, insólitos. La literatura decimonónica tuvo su momento de esplendor, pero está agostada. El experimentalismo, llevado a extremos, también se agotó: tuvo una serie de imitadores que llegaron al vacío. Ahora hay una recuperación de la narratividad, de la escritura legible, de la lectura ordenada y continuada. Y parece que interesa la revisión del pasado, pero no del pasado inmediato. Hablan sobre los templarios, sobre las catedrales y estas cosas. ¿Qué lógica tiene? Pues yo no lo entiendo mucho. No soy ni psicólogo ni psiquiatra. No se por qué, en el siglo XXI, la gente vuelve a las Cruzadas.

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