"Toda vida merece ser contada"

El madrileño Jorge Escohotado dirige una empresa dedicada a publicar biografías sobre personas anónimas

09.11.2015 | 00:11
Jorge Escohotado, con varios de sus libros.

-Piense en cómo se llamaban sus bisabuelos. ¿Se acuerda? El 92 por ciento de los españoles sólo es capaz de recordar el nombre de dos de ellos. ¿Triste, no?

El madrileño Jorge Escohotado lucha desde hace siete años contra el olvido de nuestros antepasados. Su filosofía es que "toda vida merece ser contada" y así lo hace por cada rincón de España. La gijonesa Noega es la primera funeraria del país en ofrecer este servicio. Un servicio, que consiste en contar "historias increíbles" de la mano de sus protagonistas.

El proyecto nació en la redacción de un periódico nacional, donde Escohotado era obituarista. "Allí me di cuenta que si no eras alguien célebre, difícilmente serías recordado. Y como bien dice Gabriel García Márquez, una muerte no llega con la vejez sino con el olvido", asegura. A partir de esa reflexión surgió en el 2008 Obitualia, entonces centrada en "democratizar" el género de la biografía y escribir sobre cualquier persona fallecida. "Pero esa idea tampoco me convencía. Hasta que vi dónde estaba el error: los homenajes no hay que hacerlos a título póstumo, sino en vida". Cuando el abuelo puede expresar todavía sus emociones y llorar de felicidad. Ahí está el negocio que Jorge Escohotado descubrió y que ahora otros muchos imitan dado su éxito. De momento, ya llevan publicadas más de 400 historias. Otras tantas están de camino.

Memoralia cuenta con cuatro trabajadores -Jorge Escohotado es el director ejecutivo, David Cánovas, el responsable editorial y Guillermo Herranz, el socio consultor- y una amplia red de colaboradores por toda España. El periodista Eduardo Ciordia es quien "cocina" las biografías. "Ahora mismo estoy haciendo entrevistas a tres asturianos de pro muy diferentes. Uno es del sector industrial, otro del forestal y el último del sanitario", explica Ciordia. El proceso de elaboración del libro -se hace a petición de la familia- siempre es el mismo. "Vamos a su casa y le entrevistamos durante dos o tres horas un día a la semana. Nos gusta dejarles tiempo suficiente para que trabajen la memoria. Los temas que tratamos son: orígenes, infancia, juventud, plenitud y madurez. Todo ello nos puede llevar entre tres y seis meses. Llevamos una grabadora y un escáner para las fotos", explica Jorge Escohotado, quien detalla que el trabajo es "realmente gratificante". "Nos hemos encontrado con gente que al principio no se acordaba de cosas y que al final de la entrevista conseguían recordar hasta los nombres de sus compañeros de pupitre. Al principio nos suele costar ganarnos su confianza, porque somos personas desconocidas, pero acaban encantados. Sólo quieren que les escuchemos. Por eso, creemos que las biografías sirven también como terapia. De hecho estamos ahora con un programa piloto que consiste en llevar esto mismo a las residencias de la tercera edad en forma de talleres", cuenta Escohotado con pasión y un brillo especial en sus ojos.

-Y cuando los entrevistados ven el resultado, ¿qué dicen?

-Bueno, se ponen a llorar. Y nosotros con ellos. Porque hay que tener en cuenta que nosotros hemos sido sus confesores, que nos han contado su vida, incluso secretos que nadie sabía. De pronto, te sientes como uno más de la familia. Así que si no conseguimos arrancarles una lágrima, se puede decir que hemos fracasado.

-¿Cuál ha sido la historia más sorprendente?

-Hay muchas y es difícil quedarse con una sola. Ahora mismo me viene a la cabeza Demetrio, de Algete (Madrid), que nos encargó una biografía en vida, pero para ser leída el día de su funeral. Y así fue. Es increíble pensar que este hombre nos llamó para que cuando él ya no estuviese, su libro calmase el dolor de sus seres queridos. Luego está Ana Mary, una lotera de Tenerife. Ella se puso en contacto con nosotros porque decía que su hijo no le dejaba ver a su nieta desde hacía años. A la pequeña le regaló su biografía para que conociese cómo era su abuela y lo que había vivido. Pero si me tengo que quedar con una historia, me quedo con la de Matilde Ripoll. Era una mujer muy delgadita y pequeñita; medía 1,40. Siempre había trabajado en Barcelona en una casa de seguros. Un día le tocó ir a un poblado gitano y allí una señora le ofreció que se llevase a un niño. "Cógelo, que él quiere vivir", le dijeron. Y ella se lo llevó para casa. Sin embargo, eso generó un fuerte escándalo en la familia. Aun así, Matilde tiró para adelante y fundó en el Raval "La hora de Dios", un servicio de recogida de bebés abandonados, que ha salvado la vida a más de un centenar de niños. Todo esto quedó reflejado en su biografía. Pero es que Matilde nos llamó años después cuando estaba ingresada en un hospital. "Quiero hacer la segunda parte de mi biografía, porque es la única forma de seguir viviendo cuando ya esté muerta", nos dijo.

-¿Y murió?

-Sí, hace un año. Fuimos a su entierro y estuvimos con sus hijos. Fue muy triste.

Matilde Ripoll ya no está en este mundo, pero como ella misma decía, su historia sigue viva. Podrá ser leída por sus nietos y bisnietos. Porque los recuerdos se los lleva el viento, pero los papeles no.

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