Cuestión de apellidos

Un estudio del investigador Macarrón Larumbe demuestra que las personas con patronímicos españoles apenas acceden a altos cargos en Cataluña y Euskadi

04.11.2015 | 00:13
Cuestión de apellidos

Ni Puig, ni Martí. Tampoco Serra, Pons o Pujol. Los cinco apellidos más comunes en Cataluña son esos españolísimos García, Martínez, López, Sánchez y Rodríguez. Sin embargo, ni uno solo de los 102 consejeros que ha tenido el gobierno de la Generalitat desde 1980 hasta la actualidad luce uno de esos cinco principales como primer apellido y solo dos dirigentes lo tienen de segundo. La probabilidad de que esta realidad catalana sea mero fruto del azar no supera el 0,02%.

El dato supone más que una simple anécdota y figura en un estudio realizado por el ingeniero Alejandro Macarrón Larumbe, consultor especializado en demografía, en el que se ponen de manifiesto las enormes dificultades que tienen para acceder a altos cargos políticos en Cataluña y en Euskadi aquellas personas que no tengan apellidos autóctonos, pese a que estos últimos son clara minoría entre la población. "Entre el 70 y el 90% de todos los principales puestos políticos en ambas comunidades autónomas desde 1980 hasta aquí han estado ocupados por personas con apellidos locales, en claro contraste con el hecho de que los habitantes con apellidos típicamente españoles supongan más del 60% de la población", apunta Macarrón, para quien "los datos demuestran que si bien la población en Cataluña es mayoritariamente charnega y en el País Vasco maqueta, el poder político está en manos de una minoría local. Si te apellidas González tienes muy poco qué hacer".

Los datos que ofrece Macarrón son abrumadores. Los 33 apellidos más frecuentes en la provincia de Barcelona son de ascendencia española. Mientras que entre los veinte principales solo cuatro son catalanes en Gerona y cinco en Lérida. Sin embargo, esta realidad de la calle no se ha trasladado a la política catalana de los últimos 35 años y parece que cada vez lo hará menos, a la vista de que, tal y como desvela el investigador, de los 40 candidatos de Junts pel Sí a las últimas elecciones autonómicas, solamente dos tienen apellidos que desvelan un origen "charnego".

El caso es que solo uno de cada diez de consejeros del Govern ha tenido un primer apellido español. El predominio local es total y absoluto. De los presidentes de la Generalitat, el 75% son "catalanes-catalanes".

El socialista José Montilla Aguilera es la única excepción. El caso vasco es muy similar. El estudio del ingeniero constata que entre los diez apellidos más frecuentes en Guipúzcoa, en Vizcaya y en Álava no hay ninguno que sea de ascendencia vasca.

Sin embargo, los españoles, clara mayoría, apenas aparecen en los altos cargos políticos de la comunidad. Y es que únicamente dos de cada diez integrantes de los gobiernos regionales desde 1980 a la actualidad tienen apellidos que no son vascos. La mesa de la Cámara del Parlamento autonómico está integrado por "vascos-vascos". No hay ni un solo apellido español.

Los apellidos no se pueden cambiar, aunque los dos integrantes de las listas de Junts pel sí que los tienen españoles los unen con una muy catalana "i". Sin embargo, en dos comunidades autónomas en la ascendencia familiar tiene tanta relevancia para acceder a cargos de responsabilidad política no deja de ser llamativo que los nombres de pila españoles, mayoritarios hasta ahora, se batan en retirada y los padres escojan para sus hijos los más vascos que haya. "Donde antes había muchos José María ahora se está llenando de Gorkas y Aitores", subraya Macarrón Larumbe.

"Actualmente los nombres catalanes son la inmensa mayoría entre los niños catalanes. Los de tipo español genérico son muy pocos, exceptuando aquellos que son iguales en una u otra lengua, como David, Ramón, Víctor, Ángel, Raúl u Óscar", apunta el investigador, quien pone de manifiesto que "en el País Vasco el porcentaje de niños con nombres españoles es ínfimo, casi todos reciben uno vasco".

Otra conclusión llamativa del estudio de Macarrón es que, a diferencia de lo que pasó hace 30 o 40 años, tanto Cataluña como Euskadi atraen actualmente muy poca o ninguna inmigración nacional neta.

"El caso del País Vasco resulta especialmente llamativo: es la comunidad autónoma que más se ha envejecido en las últimas décadas".

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