J, CAQUERO, ROMA,AGENCIAS
Se acabó la fiesta en Villa Certosa, al menos de momento. Tras los escándalos sexuales que han rodeado a la finca más famosa de Cerdeña, el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, vende la propiedad de 300 metros cuadrados por 450 millones.
Il Cavaliere celebró en la lujosa mansión de la isla italiana algunas de sus controvertidas y fotografiadas fiestas privadas con jovencitas, por las que su segunda esposa, Veronica Lario, le pidió el divorcio. La gota que colmó el vaso fue la asistencia de Berlusconi a la celebración del 18 cumpleaños de Noemí Letizia . Lario tomó entonces la decisión unilateral de separarse por «dignidad».
Berlusconi, que llegó a confeccionar la lista de su partido al Parlamento Europeo con chicas asistentes a sus fiestas, aseguró que busca comprador para la villa porque tras la separación de su segunda mujer, la familia no se reúne en ella. También confesó que le influyó en la decisión «la invasión de la privacidad» que se llevó a cabo el año pasado con la publicación de unas comprometidas fotografías realizadas por el fotógrafo Antonello Zappadu.
Las fotos sacaron a la luz el tipo de fiestas que se organizaban en la villa sarda. Entre septiembre de 2008 y febrero de 2009, el empresario de Bari Gianpaolo Tarantini, organizó para Il Cavaliere 18 fiestas en las que, sabedor de su interés por las mujeres, reclutó a un total de 30 prostitutas y velinas (así se llamó a las bailarinas, vedettes y presentadoras de la televisión italiana que acudían) para lograr favores políticos, enchufes y contratos. «La prostitución y la cocaína son la llave del éxito en la sociedad», aseguró Tarantini al ser juzgado por corrupción, inducción a la prostitución y cesión de cocaína.
Patricia D´Addario, prostituta cuarentona, abrió la caja de los truenos cuando aseguró haber cobrado 2.000 euros por mantener relaciones sexuales con Silvio Berlusconi, y relató como una noche rechazó dormir con el primer ministro porque en el dormitorio había otras dos jóvenes prostitutas de lujo y a ella no le gustan en absoluto «las orgías».