J. CASQUERO, MADRID, AGENCIAS
«Convivimos con ratas, con cucarachas, con alacranes, y les voy a hablar claro, como tiene que hablar una persona cuando debe decir la verdad: con la mierda, señores, con el excremento. No es mentira». Así describió las cárceles del régimen castrista Julio César Gálvez, un veterano periodista de 63 años condenado a quince años en Cuba.
Varios disidentes del «Grupo de los 75», encarcelados en 2003 y que esta semana llegaron a España, relataron ayer en Madrid el infierno sufrido en las mazmorras de la dictadura cubana. «El menú se basa en agua con cáscara de plátano, sebo o tierra revuelta y hervida, y las condiciones higiénicas eran más que pésimas», dijo Gálvez. Normando Hernández denunció cómo «los presos, desesperanzados, se autolesionan o suicidan». «Algunos se inyectan orina o petróleo para que los lleven al hospital», añadió. También contaron que dos presos derritieron plásticos y metieron sus manos en la pasta caliente. Se las amputaron, pero consiguieron lo que buscaban: la licencia extrapenal. «Hay celdas de tres metros para 40 personas, y un solo tanque de agua que abren una vez al día durante diez minutos», explicó Gálvez sobre el hacinamiento en las cárceles, donde se expanden el dengue y la tuberculosis. Según Ricardo González, «Kafka no hubiera escrito algo peor». Omar Rodríguez, condenado a veintisiete años por hacer fotos de La Habana, relató cómo fue su tortura psicológica: «Como me negué a hablar, los policías me dijeron: "¿Qué harías si te trajéramos en brazos a tus dos hijos muertos y a tu hija violada y muerta?"».