JUDIT CALVO
La mayoría ya conocían la obra del artista, algunos, bastantes menos su vida, y pocos creen sin asombrarse que un aspirante a artista de un pequeño pueblo de provincias podría convertirse en una de las figuras más destacadas del mundo de las vanguardias. ¿Envidia?, sana y mucha admiración por este paisano que conquistó una cima con la que muchos sueñan con alcanzar.
Los alumnos llegaron antes de la hora que tenían prevista para la visita del museo y pasearon, carpeta y lápiz en mano, por los jardines del Castillo para tomar nota de las diáfanas líneas con las que modeló su obra Baltasar Lobo. «Ver el mundo como un boceto», recomiendan Cynthia y Natalia, dos alumnas del Bachillerato de Arte, para poder comprender la obras de los artistas e impregnarse de sus experiencias. Conocer otros creadores, como ellos, es lo que pusieron en práctica en una visita en la que surgieron muchas preguntas, «Hay que saber cómo trabaja, el estilo que usa, cómo es que pasa de un estilo a otro, qué le motiva», muchas cuestiones con una historia que duró 83 años y que presumiblemente será inmortal.
Pero los estudiantes de la Escuela de Arte no están dispuestos a seguir el patrón de nadie, «sí aprender de lo que hicieron, pero quiero ser yo misma, que se me reconozca por lo que soy yo y lo que yo hago», sin duda vienen pisando fuerte y con la vista puesta en los últimos pisos del rascacielos más alto. Esa es la actitud. «Un artista tiene que viajar, conocer mundo, otras corrientes, influencias y formas de vida», afirma el impulsor de la celebración del centenario del nacimiento de Lobo, el también escultor zamorano Ricardo Flecha, que rompe una lanza en favor de los tiempos actuales, «Baltasar tuvo que ir paso a paso y durante años conociendo ciudades, maestros y tendencias, algo que con Internet los alumnos de hoy en día consiguen en pocos meses».
El coste de ser artista es alto, (coste monetario, de dinero, se explican los estudiantes. El precio que cobra la vida aún es algo tan etéreo para los adolescentes como la atmósfera que envuelve la última «peli» de terror). Un autor todo lo gasta en materiales. ¿Y si no lo vendes? El problema, responden los alumnos, es que la gente no te lo compre. La diferencia: «que puedes pasarte una década haciendo un dibujo o una escultura y los demás no lo ven como tú quieres que lo hagan, no lo entienden, y eso es muy triste». Pero la tristeza no reinaba en un día en el que además de la alegría por perder unas horas de clase, contemplaron como futuros profesionales y «colegas» de Lobo, el legado de un paisano universal.
La jornada pasó y hay ciertas enseñanzas que se olvidan, pero la experiencia cercana de saber que hubo alguien que desde más abajo conquistó París, motiva ahora a muchos de los jóvenes que pasarán cada día por debajo de la pancarta conmemorativa del centenario del nacimiento de Lobo, en la fachada de la Escuela, que permanecerá colgada hasta el verano, cuando los bocetos de los estudiantes ya dibujen más curvas, como las que él nos enseñó a disfrutar.