VALLADOLID/MADRID, AGENCIAS
Serán días de jolgorio en la calle, de no dejar títere con cabeza, de máscaras y disfraces, carrozas y comparsas. Días en los que Don Carnal viajará por toda la geografía española para relajar costumbres e intentar que la gente olvide los rigores de la crisis. Esta semana, el Carnaval llega un año más a ciudades y pueblos para quedarse hasta que el entierro de la sardina anuncie, entre lloros y lamentos, que una señora muy exigente, Doña Cuaresma, le toma el relevo.
En Castilla y León, seres ancestrales, como los «cucurrumachos», personajes infernales, como los «jurrus», o figuras divertidas, como los «tripudos», darán la bienvenida a Don Carnal en Castilla y León, donde los festejos taurinos, las charangas y los bailes de disfraces animarán las tradiciones más arraigadas.
Ciudad Rodrigo, en Salamanca, es uno de los referentes de estas fiestas, al celebrar el único carnaval de España donde las máscaras se entremezclan con los toros, una tradición que tiene más de quinientos años de historia, según han explicado a Efe fuentes municipales.
Sin toros, pero sí con máscaras, es como celebran el «carnaval del cencerro» los vecinos del municipio zamorano de Villanueva de Valrojo. La mascarada, como llaman a su fiesta, es una tradición que se sigue en el municipio desde 1841 y en la que los vecinos del pueblo se visten con camisa y pantalón ancho y con un cinturón del que cuelgan una docena de cencerros y unas tenazas. En Zamora tampoco hay que olvidar el carnaval de Toro.
El municipio abulense de Navalosa, de 433 habitantes, conserva la curiosa tradición de los «cucurrumachos», unos seres ancestrales y horripilantes que cada «Domingo Gordo» de carnaval salen a la calle para recordar los ritos de exaltación ganadera y la cultura celta. Los denominados «quintos viejos» se visten con sacos y mantas «pingueras», características de esta zona de Gredos, y con una máscara de madera, con el objetivo de ocultar sus cuerpos, de manera que resultan irreconocibles.
Otros personajes característicos del carnaval de la región son los «tripudos» de la localidad de Arcones, en Segovia, seres vestidos con sacos viejos rellenos de paja que son derribados por las «vaquillas», construidas sobre estructuras de madera, con cornamenta y mantón de manila incluidos. Entre las tradiciones más peculiares de los castellanoleoneses también destaca la de los «jurrus», unas figuras infernales que se dedican a recorrer las calles de Alija del Infantado, en León, incordiando a la gente con bromas y emulando la presencia del diablo. En la provincia soriana, el carnaval con más tradición es el que se celebra en Abejar, a apenas treinta kilómetros de la capital, y que lleva peleando tres años para conseguir que su fiesta de «La Barrosa» sea declarada por la Junta de Castilla y León como de Interés Turístico Regional.