ANA SÁA, SANTIAGO
Adolfo Domínguez se vio identificado en su día con la moda de los intelectuales de izquierdas. Sabe lo que es ganarse un puesto y empezar desde abajo. Comenzó a fabricar ropa en los años 70 en el taller de sastre de su padre y, tras dedicarse a desarrollar sus propios diseños, su gran salto llegó con la presentación de su trabajo en Madrid en 1981. Fue el primer diseñador español en abrir una tienda con su propio nombre en la capital española y en poco tiempo creció hasta convertirse en una cadena con tiendas dentro y fuera de España.
Ahora, el discurso del creador orensano ha dado una vuelta de tuerca y no duda en urgir la liberalización de las relaciones laborales en España a través de un despido libre «sin trabas administrativas ni judiciales, a la manera anglosajona», por propiciar un aumento de productividad, al motivar a los trabajadores a ganarse «cada día» su puesto.
«Todas las medidas que se tomen para hacer más fácil el trabajo del emprendedor se reflejarán en una menor tasa de paro», defendió durante una intervención en el Fórum Europa, en Santiago.
El empresario vaticinó que España saldría de la crisis si se efectúa «una reforma laboral profunda» que permita a las empresas expandirse en el exterior, y abogó por recuperar los «valores del esfuerzo y del trabajo bien hecho», de abandonar el «elogio de la pereza», en el que opinó que se ha instalado la izquierda «cuando se vio obligada a dejar por inservibles las banderas del socialismo real». «Si siguen gobernando los mismos, llevarán a España a la quiebra», alertó.
En esta línea, afirmó no creer en el Estado del Bienestar «tal y como lo han organizado los europeos y españoles» por ser «esterilizador» y que, a excepción de Alemania, está produciendo una «rápida desindustrialización» de Europa. Así, criticó que el Estado del Bienestar se financie con deuda y entendió que los derechos sociales conquistados en España proceden de los fondos estructurales europeos. «No creo en derechos que no podamos pagar», sentenció. «No creo en un sistema que permite que alguien se coja un año por depresión, la mayoría de las veces fraudulenta, se reincorpore y tenga 30 días de vacaciones», añadió, para reprobar un sistema que genera «un montón de pícaros».
El modisto acusó a los actuales gobernantes de ser «tan sordos» como en su día lo fueron Felipe III y Felipe IV. «Necesitamos un cambio de Gobierno», defendió, y admitió ser partidario a título personal de una convocatoria anticipada de elecciones. Ya en su día calificó a Zapatero «de hombre equivocado en el momento equivocado».
Domínguez espera que el próximo equipo de Gobierno obtenga mayoría absoluta y «haga lo que tenga que hacer», aunque eso le lleve a perder las elecciones. También envió un mensaje a la derecha, a la que reclamó que se modernice y que no se «una» a «determinada gente» para captar el voto de personas como el propio Domínguez, que se vinculó al colectivo de entre un 5 y 10% de laicos que hay en la sociedad. El secretario de Organización del PSOE de Galicia, Pablo García, criticó la «desvergüenza» del diseñador orensano, al que tildó de «explotador», y le acusó de querer que los trabajadores «tengan en España las mismas condiciones que sus empleados en Asia o África». Además, le acusó de «vivir siempre de subvenciones públicas mientras explotaba a sus trabajadores».