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ISABEL BUGALLAL Un accidente de caza mortal que ahora no parece haber sido tan fortuito, una amante abandonada y un hijo fruto del adulterio olvidado. Son los elementos del drama que rodea a Patrice Michelin, miembro de la célebre dinastía de los neumáticos, fallecido en 2006, a los 77 años.
«No tienen derecho a negar mi existencia». Con ese argumento, Jean-Philippe Rouchon ha acudido a los tribunales para demostrar que es hijo de Patrice Michelin, nieto de uno de los fundadores de la factoría de Clermont-Ferrand.
Osteópata de profesión en esa ciudad del centro de Francia, de 42 años y padre de dos hijos, Jean-Philippe Rouchon asegura haber nacido de la relación que durante los años sesenta mantuvieron Patrice Michelin y su madre, Annick Rouchon, una invidente que ahora tiene 71 años y que conoció al magnate cuando tenía 22 y era estudiante de Medicina.
Rouchon asegura tener pruebas biológicas de paternidad realizadas en 1969 y documentos que avalan su derecho a la herencia. Entre esos documentos figura una carta escrita por Patrice Michelin a su madre hacia finales de 1964, en la que ofrece una versión inédita de la muerte, en 1960, de su primera esposa. Según su confesión, Nicole Bardi, con la que se había casado seis años antes y tuvo tres hijos, no murió accidentalmente en una cacería, como dictaminaron los jueces, sino que la mató.
«Mi mujer ha cambiado, se aleja de mí y ya no acepta que la abrace», confió a sus familiares Patrice, que entonces vivía con su familia en un castillo en Touraine perteneciente a los Bardi.
La noticia del supuesto accidente de caza y el posterior juicio ocuparon las primeras páginas de la prensa francesa. Patrice Michelin pasó sólo 35 días en la cárcel y, a pesar de las evidencias -Nicole Bardi recibió un disparo en la nuca- logró salvarse tras convencer al tribunal de que el arma se le disparó fortuitamente al caer al suelo. El veredicto fue de «homicidio involuntario» y su único castigo, una multa de 2.000 francos. Caso cerrado. Era el precio de llamarse Michelin.
Pero Patrice necesitaba confesarse, así que decidió escribir a su amante tan sólo tres horas después de unos de sus encuentros habituales: «No quiero que entre tú y yo haya la menor sombra, tienes derecho a saber la verdad de cuanto me concierne, y yo necesito confiarme a tu gran corazón», escribió en tinta azul. «Mi mujer era, te aseguro, muy mala conmigo, me humillaba, incluso ante los niños y los amigos (...)», le explica: «Una batida de caza me permitiría librarme de ella. Hice un gesto rápido, la bala salió disparada, le alcanzó la nuca y salió por la frente».
«Ahora sabes mejor quién soy» y «yo me siento aliviado por habértelo contado», concluye el manuscrito de Patrice Michelin, que pronto abandonaría definitivamente a Annick para casarse con otra mujer, con la que se estableció en Suiza y tuvo otros cuatro hijos.
«Es un asunto doloroso porque despierta los viejos fantasmas, pero la filiación parece evidente y no hay razones para que el señor Rouchon sea excluido de la familia Michelin», afirma su abogado, Gilbert Collar. «No hay comentarios. Se trata de un asunto de familia», responden los representantes de la viuda desde Suiza.
Jean-Philippe Rouchon sostiene que es «una cuestión de honor»: «No acepto haber sido abandonado por mi padre. Los Michelin no tienen derecho a negar mi existencia».
Su madre le fue revelando la verdad «en dosis homeopáticas» desde que tuvo uso de razón, y cuando fue mayor de edad decidió acudir a la justicia, aunque sin éxito, e ir a ver a Suiza a su supuesto padre. Le escribió para anunciarle su presencia, pero no le respondió. Una vez allí, lo recibió, pero su última esposa le hizo ver que no era bienvenido en la casa y la abandonó -«no quería molestar»-. Su padre salió a despedirlo hasta el coche, donde aguardaba su madre: «Mi madre y él se abrazaron».
Su último reencuentro fue en 2006, poco antes de la muerte de Michelin: «Quería decirle que le quería, que pararía las demandas judiciales», pero nunca le dijo lo que más deseaba oír: «Soy tu padre». Nadie le comunicó la muerte. «Un día, mi madre dejó de recibir los 75 euros mensuales que le enviaba mi padre. Tuvimos la confirmación del fallecimiento cuando un notario vino a tasar el apartamento de Royat que mi padre había dejado en usufructo a mi madre. Pregunté si estaba incluido en la sucesión y el notario me respondió que no. Esto me decidió a relanzar el procedimiento», según explica.
Rouchon asegura que la familia Michelin está al corriente de su existencia pero que todos sus intentos por aproximarse a ella fracasaron: «Siempre me ignoraron y me mantuvieron lejos», a pesar de que «mis razones son indiscutibles».
«Tengo 42 años, un oficio, una familia, no tengo necesidad de dinero. Dicho esto, todos los Michelin tienen una renta que asusta, ¿Por qué yo no? Si hay bonus, yo tengo también derecho a ellos, por supuesto».
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